Apertura y reducción de la pobreza

Apertura y reducción de la pobreza

A propósito de los debates de estos días sobre los efectos negativos que puede tener el TLC sobre el empleo, la pobreza y la distribución del ingreso, es justo reconocer que también hay evidencia empírica que muestra que en algunos países la globalización sí ha tenido un impacto positivo para la solución de estos problemas. Inclusive en Colombia se vieron algunos de estos efectos positivos después de la apertura de la década de los noventa.

14 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Una publicación reciente de la Cepal, el “Panorama Social de América Latina, 2005”, presenta la información sobre una de las formas como las consecuencias de la apertura han contribuido a disminuir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso. Se trata de la importante contribución de las remesas que envían a sus familias los emigrantes latinoamericanos que trabajan en Estados Unidos y en Europa. En el 2004 estas remesas fueron cercanas a 45.000 millones de dólares, un monto similar a la inversión extranjera en la región. México es el mayor receptor con 17.000 millones, los países centroamericanos recibieron 7.800 millones y los de América del Sur 14.100 millones de dólares.

Según la Cepal en 9 de los 11 países estudiados el 50 por ciento o más de las personas que residen en hogares receptores de remesas se encontrarían bajo la línea de pobreza si no contaran con el aporte de estos ingresos. Más significativo es su aporte en términos de reducir la indigencia, o pobreza extrema, puesto que en esos países el promedio de remesas que reciben los hogares es similar o superior a la línea de indigencia, es decir que aunque sólo contaran con los ingresos de remesas, esos hogares saldrían de la condición de pobreza extrema.

Colombia no está incluida en el grupo de países que analiza la Cepal porque no existe la información comparable en la Encuesta de Hogares, pero sí hay estudios sobre la distribución de los 3.300 millones de dólares que enviaron los trabajadores colombianos del exterior. Fedesarrollo estima que son 1,4 millones los hogares receptores de remesas y dice que “no parece una cifra desproporcionada frente al número de colombianos en el exterior (estimado entre 3 y 5 millones).”. Esto querría decir que cada uno de esos hogares recibe en promedio unos 2.400 dólares al año, o 200 dólares mensuales, que es un monto superior a un salario mínimo. También encontró Fedesarrollo que en promedio, estas remesas constituyen el 67 por ciento de los ingresos de los hogares encuestados.

Con la poca información disponible no se pueden tener cifras exactas, pero sí es posible plantear la hipótesis que sin estos ingresos habrían por lo menos unos 3 millones más de pobres en Colombia. Como las remesas han crecido sobre todo después de 1998, cuando eran menos de 800 millones de dólares, es evidente que ha sido muy importante su aporte para la reducción de la pobreza en el último quinquenio.

¿Qué tienen que ver las remesas con la apertura económica? La relación es directa: la liberación del comercio en los noventa estuvo acompañada de una funesta revaluación y fue una apertura hacia adentro, es decir que promovió más la importación de productos extranjeros que las ventas de productos colombianos en los mercados internacionales. Con una excepción notable, la exportación de trabajadores colombianos que perdieron sus empleos y tuvieron que emigrar de manera ilegal y clandestina a Europa y Estados Unidos, desde donde hoy envían sus remesas para ayudar a sostener a sus familias que quedaron en el país. Por supuesto, habría todavía menos pobreza en Colombia si esos millones de compatriotas no hubieran tenido que emigrar y en lugar de enviar una pequeña porción de sus ingresos, todos sus salarios y la riqueza generada con su trabajo se quedara en el país.

La experiencia mexicana es similar. Tratados de comercio que incrementan más las importaciones que las exportaciones, así no incluyan la libre movilidad de personas, inducen la emigración ilegal de trabajadores colombianos. Las remesas que envían son un paliativo a la pobreza, pero no hay duda que sería mejor que no se hubieran tenido que ir.

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Nunca en Colombia se había visto una avalancha tal de publicidad y propaganda en las elecciones para el Congreso, sobre todo de los 8 partidos uribistas en feroz competencia por demostrar cuál de ellos es más cercano al Presidente y cobijarse con su popularidad. ¿Cuántos miles de millones de pesos costaron las páginas enteras de los periódicos, los insertos en las revistas, las innumerables cuñas de radio y televisión? ¿De dónde salió toda esa plata? ¿Cuál es el retorno que esperan los inversionistas que financiaron tan costosas campañas?

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