¿Qué pasa con la libertad de expresión?

¿Qué pasa con la libertad de expresión?

Es el interrogante que hacen los noticieros cuando la policía reprime la labor periodística durante el desalojo de unos predios ocupados. O con la protesta pública por el alcance dado por la Corte Constitucional a la participación de los candidatos en los medios.

13 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Se revela así el conflicto en torno a la expresión, la información y la comunicación, y la proliferación de puntos de vista y propuestas de regulación: adoptar una política de libertad de expresión en una ley estatutaria que reglamente su ejercicio; construir una teoría que impida que, so pretexto de regular la libertad de expresión, termine restringiéndola; que los jueces apliquen cabalmente las disposiciones sobre la materia porque todo ya está resuelto, etc.

Independientemente de qué resulte más conveniente, en este debate subyace una baja asimilación de la fórmula constitucional que consagra el derecho fundamental a expresarse libremente, su composición y alcance.

Según la legislación alemana y española, la libertad de expresión trasciende la idea de abstención de los poderes públicos en la imposición de censuras o prohibiciones previas en las comunicaciones e informaciones, y le reconoce carácter configurador y constitutivo del modelo de Estado democrático, participativo y pluralista, lo que supone diferentes puntos de vista y soluciones frente a los problemas, cuya proposición y adopción es la forma como las personas participan en el ejercicio del poder. Sin libertad de expresión desaparece el pluralismo político, la posibilidad de formar opinión pública, y una de las condiciones necesarias para ejercer otros derechos fundamentales y de control político.

La libertad de expresión tiene pues carácter especial y preferente en los derechos constitucionalmente reconocidos. Esa prevalencia se funda en que el objeto de su ejercicio es la formación de opinión pública. De ahí que la idea de ‘interés público’ se corresponda con el aspecto funcional de la libertad de expresión.

En relación con los delitos contra la integridad moral, hay lugar a un conflicto de derechos fundamentales cuando el autor actúa ejerciendo la libertad de expresión. La ley penal no excluye la libertad de expresarse libremente de modo automático, como muchos creen; la relación entre libre expresión y honor es de concurrencia, y plantea una tensión a ser resuelta mediante criterios de ponderación; el principal: el carácter preferente de la libertad de expresión. Quien es señalado como corrupto tiene derecho a proteger su honor. Pero ese derecho concurre con el de divulgar el hecho y opinar sobre la corrupción.

No todo afectado por una información periodística es víctima de una infracción a la integridad moral. Se deberá ponderar cuál de los derechos prevalece, pero partiendo de la que per se corresponde a la libertad de expresión.

Esto no significa que nunca se afecta el honor en ejercicio del periodismo.

No. Resolver tensiones entre derechos fundamentales exige acudir a criterios universalmente admitidos. Así, habrá injuria o calumnia cuando la imputación resulte fuera de contexto y carezca de argumentación. Pero el deber de veracidad aplica al derecho de informar, no al de opinar, pues una opinión no es cierta o falsa.

El debate sobre el ejercicio de la libertad de expresión como abstención de censura encuentra en el ámbito de lo político su escenario ideal.

*Columna de la Fundación Buen Gobierno

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