Las dos planeaciones

Las dos planeaciones

En el reciente reportaje con María Isabel Rueda (Semana No. 1244), el ex consejero presidencial Jose Roberto Arango se despacha en torno a varios tópicos políticos que lo muestran como un hombre templado y directo al abordar asuntos públicos de los que le correspondió manejar. Uno de ellos me ha llamado la atención: ¿existe en verdad planeación en Colombia? Opino que hay dos clases de planeaciones.

13 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Es indudable que la descripción del entrevistado sobre el Departamento Administrativo de Planeación Nacional concuerda con una apreciación generalizada sobre el papel obstaculizador que esta agencia gubernamental ha presentado por años. Si bien hay allí un carrusel de técnicos (una rosca, dice Arango) que intercambia sus puestos entre los organismos internacionales, y luego se dan contratos entre sí en cada gobierno, no cabe la menor duda que este sistema de cooptación es el que asegura la permanencia de tan acomodada burocracia.

Aceptando que el DNP sea un centro de pensamiento teórico (donde se consultan unas veces las fórmulas monetaristas de Milton Friedman, las demandas institucionales de Douglas North, las iluminaciones recientes de Joe Stiglitz, sin olvidar las socráticas observaciones de nuestro recordado Currie, pasando por Gary Baker y Osborne), parecería que este país ha venido fluctuando entre diversas escuelas económicas antagónicas sin saberse si los diferentes mandatarios han sido ajenos, o no, a tales conocimientos.

Un primer argumento es este: el proceso de planeación DNP, alternado con las mismas caras y las mismas barbas, tiene que producir imitaciones porque la cooptación se hizo para garantizar el continuismo -que acaso sólo sería válida para las altas Cortes a objeto de que la jurisprudencia no cambie de la noche a la mañana. Sería legítimo añadir que este tipo de alternación es una paradójica prórroga del frente nacional, cooptado además entre las diversas escuelas teóricas y universidades donde se crea el pensamiento económico.

Un segundo punto se deriva del anterior. La incoherencia institucional del DNP llega de otra manera hasta las oficinas seccionales y municipales de planeación: allí hay un trabajo dinámico porque la planeación se hace a dedo, al capricho de los caciques políticos que van construyendo obras y caminos por las zonas de sus electores. A pesar de su incongruencia, este tipo de planeación pragmática, que acoge muy diferentes intereses personales y locales, es a menudo mucho más efectiva y realista que las disquisiciones teóricas emitidas desde Bogotá.

Planeación teórica vs. planeación pragmática; planeación nacional vs.

planeación regional: en un país centralista como el nuestro, dos caras de una misma moneda que descoordinan el país adicionalmente a los intentos de otros por ponerle desgobierno al progreso y al desarrollo.

Nunca podré olvidar entonces unas palabras de mi profesor Abel Cruz Santos quien decía que la verdadera planeación de un país empezaba por el absoluto respeto al Presupuesto Nacional, que al menos es participativo y democrático. En consecuencia, es necesario revisar este esquema en el Congreso, o acabar con esas oficinas como lo sugiere el entrevistado

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