Una herencia de serenatas

Una herencia de serenatas

Cuando Carlos Garzón era niño, de nada servía decir que no sabía de música. Era hijo de Darío (del dueto Garzón y Collazos) y las profesoras lo anunciaban para los actos solemnes del colegio.

12 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Su padre le enseñó una canción para sacarlo de apuros, pero no quería que viviera de la música. Tenía medio siglo de experiencia para decir que era un camino difícil.

Darío Garzón había comenzado en los años 30 con el grupo Los Cuatro Alegres Muchachos. Cuando buscaron un tiplista, le presentaron a Eduardo Collazos, con quien hizo el legendario dueto de la música colombiana del interior.

Los guaduales y Me llevarás en ti, de Jorge Villamil y Hurí, de autor anónimo, fueron grabaciones inmortales en las voces del dueto. Garzón también tuvo su propia academia en Ibagué (no dejó asistir a Carlos), donde le enseñaba a quien mostrara talento y ganas. “El precio era simbólico –dice el hijo–. Les regalaba hasta los instrumentos”.

Y Carlos, ya adolescente, se enamoró de la música. Y aprendió a escondidas, en una tertulia conoció a Wilfrido Torrado, con quien formó su propio dueto, el que le llevó a su padre una serenata de cumpleaños. Al escucharlos, Garzón olvidó sus recelos, les hizo correcciones y se hizo tutor del dueto.

Carlos acompañó a Garzón y Collazos en la última gira, contratada por la Fábrica de Licores del Tolima. Fue una correría por municipios en la que Carlos, que estaba en bachillerato, manejaba el carro. Como el papá ya era mayor y no podía estar de pie por mucho tiempo, a veces, hasta tuvo que hacer de asiento.

Carlos recuerda que alcanzó a verlos firmar un contrato de la que sería la gira ‘Garzón y Collazos se despiden de Colombia’, que nunca ocurrió porque Eduardo Collazos murió antes, en 1977.

Darío Garzón no volvió a tocar en dueto. Se presentó solo en lugares donde le rindieron homenaje y murió a los 71 años.

En su última semana de vida, ya en el hospital, Carlos alcanzó a darle la fecha de su grado como administrador de empresas profesional. También le cumplió el sueño de tener otra carrera.

Un año después, un grupo de músicos hizo una serenata en su tumba. Para el segundo año, llegó una procesión de todo el país. Así nació el Festival de la Música Colombiana, que lleva 20 ediciones y gira en torno a su memoria.

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