Por arte... de semáforo

Por arte... de semáforo

No importa si los conductores van de afán, han tenido una mañana mala o están de mal genio. En el cruce de la calle 53 con avenida 68, o en el de la avenida Suba con 106, sus vidas suelen cambiar por un rato.

12 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

En alguno de esos dos puntos, José Sánchez, mago de la arteria, aparece de la nada y en un minuto y 20 segundos (lo que dura el semáforo en rojo) le saca una sonrisa a más de un conductor... Y una que otra moneda, porque José vive de hacer magia en la calle.

“La verdad es que me va bien”, confiesa. “Gano entre 30.000 y 40.000 pesos diarios trabajando de lunes a viernes”, y con horario de ejecutivo: de 9 a.m. a 12 m.

“No es por pereza –explica–, sino porque en las tardes está otro compañero, malabarista, y la platica es para todos”, dice con timidez, pero subiendo el tono de la voz porque así lo exige el ruido de motores y pitos.

El semáforo está en verde y el mago puede charlar, mientras llega de nuevo el rojo, color en el que el cálculo del tiempo es exacto y le alcanza para tres actos en 60 segundos. El resto lo utiliza para recibir el pago y las felicitaciones, muchas de ellas representadas en una mirada cómplice o en una sonrisa.

“Uno lo que añora es que vengan mujeres en los carros. Ellas se encantan y empujan al que vaya manejando a que me dé más. Son mi suerte”.

Mireya, de 18 años, novia del mago, dice que es verdad. La joven actúa como asistente, sin traje de luces ni escotes ni altos tacones. Va de bluyines y camiseta, está también atenta a la torrecita de monedas instalada en la base del semáforo.

Regresa la luz roja y José vuelve a su escenario. No hay de venias ni frases prefabricadas. Sus manos lo dicen todo: nada por aquí, nada por allá. Y un conejito blanco aparece dentro de una caja que segundos antes estaba vacía .

El mago cambia de truco. Su tiempo es oro. Ahora es la olleta del agua inacabable. Tampoco hay aplausos pero sí caras de sorpresa en el ‘respetable’ de los carros. Y faltan los momentos cumbres.

Uno de ellos, el acto de la bolsa de regalos de la que salen seis bolsitas más. Y el otro –para el que tendrá que esperar que de nuevo sea rojo– la cruz que se levanta sola.

Antes era ‘ruso’ José trabaja en los semáforos de Bogotá desde hace poco, pues llegó a la ciudad en diciembre procedente de su natal Tello (Huila), donde durante dos años estudió magia con un amigo. Algo que –cuenta– siempre le causó curiosidad.

“Antes, me dedicaba a la rusa (construcción), donde me pagaban el mínimo, que no alcanza para nada. Ahora, pago el arriendo con tranquilidad –vive en Arborizadora Alta, en Ciudad Bolívar–, como y me alcanza para pasarla rico”.

Conoce sus trucos al derecho y al revés. Además de los nombrados están la tabla con paloma, el periódico que no se moja, la cinta de la que salen abanicos, trucos con las manos y las pañoletas que salen, anudadas e interminables, de una bolsa. Para verlos solo hay que esperar que el semáforo esté en rojo.

olgmar@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.