Medio siglo tras los pasos de Gabo

Medio siglo tras los pasos de Gabo

En los años 50, cuando Fernando Jaramillo Echeverri era estudiante del internado jesuita de San Ignacio, en Medellín, solía leerles a sus compañeros en el comedor. Y en una ocasión leyó un reportaje sobre un marinero que paso diez días a la deriva en el océano, sin comer ni beber.

12 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Ese relato sin firma sobre la aventura de Luis Alejandro Velasco, que había aparecido en El Espectador, fue su primer contacto con un escritor que después, cuando descubrió de nuevo su estilo en La Hojarasca, supo que se llamaba Gabriel García Márquez. Desde entonces le quedó el bicho de la admiración, que lo ha llevado a coleccionar cuanta cosa se publica de él.

A mediados de los 70, cuando Jaramillo ya vivía en Cali y tenía un negocio de fotocopias, se le ocurrió sacar copias de un reportaje de Germán Castro Caycedo a Gabo y de otras piezas, y las volvió un libro (Crónicas).

A través de Daniel Samper, se lo mandó al escritor. “Aquí tiene este libro de un hombre que sabe de Gabriel García Márquez más que usted”, cuenta que le dijo Samper a Gabo y éste lo devolvió con una dedicatoria: “Para Fernando, este boomerang de su amigo GGM".

Ese fue el inicio de una empresa que Samper bautizó Editorial Copilibros Ilimitada y que ha producido 20 libros con material de y sobre el genio de Aracataca. Jaramillo mismo los hace artesanalmente para un grupo reducido de amigos.

En uno de ellos reunió los poemas que García Márquez publicó como Javier Garcés, incluido Canción, el primero que le publicó Eduardo Carranza en EL TIEMPO, en 1944.

Otro recoge todos los discursos. Uno más tiene los prólogos de sus novelas y hay uno más que guarda lo que salió cuando el escritor recibió el premio Rómulo Gallegos en Venezuela.

El más voluminoso tiene 450 páginas con todo lo del Premio Nobel. Lo tituló Las novelerías por el novelista nobelado y le envió al escritor un ejemplar porteado con estampillas que tenían su imagen. Llevaba una dedicatoria que aún recuerda Mercedes Barcha, la esposa de Gabo: "Para el más grande de los escritores del más pequeño de sus editores”.

En 1996, Jaramillo creó también una Memorabilia de García Márquez, que manda de cuando en cuando por correo electrónico a 120 abonados en varios países.

Cuenta con orgullo que uno de ellos, su amiga María Antonia Garcés, la traduce para sus estudiantes de literatura en California.

Un gabitero Más que un “gabólogo”, Jaramillo dice que se considera un “gabitero”, como llama Jaime, un hermano de Gabo, a los hinchas del escritor.

Un hincha que no solo tiene todos los libros sino que se sabe el número de la cédula y la placa de algunos de los carros que el Nobel ha tenido, que tiene fotos de su casa en Cartagena y en Ciudad de México y del apartamento del barrio Sarría en Barcelona donde escribió El otoño del patriarca.

Los muchachos de los colegios acuden a él para que les preste el video de la entrega del Nobel, y guarda como un tesoro un ejemplar de Tres cuentos colombianos, con el que Gabo ganó su primer premio literario.

Tiene también como algo especial una foto de su amigo Fernell Franco en la que aparecen el músico Rafael Puyana, el pintor Fernando Botero y García Márquez. Ese día –recuerda– Gabo dijo que en la imagen solo faltaba un colombiano más famoso que todos ellos: Antonio Cervantes, que hacía poco tiempo se había convertido en el formidable campeón mundial de boxeo que fue.

Después de tantos años, Jaramillo tiene, además, conceptos muy claros sobre el Nobel. Piensa que Gabo es el mejor publicista de sí mismo y que tiene una gran fascinación por el poder. También considera que el libro que mejor retrata la personalidad del escritor no es El coronel no tiene quien le escriba ni Cien años de soledad sino El amor en los tiempos del cólera. "Él es esencialmente romántico", afirma sin asomo de duda.

Citas con el ídolo De la misma manera, sin dudarlo, se fue en bus un Viernes Santo de 1992 desde Santa Marta, donde pasaba vacaciones, hasta Cartagena, donde estaba Gabo, para conocerlo, después de seguirlo durante 37 años. Recuerda que, tras 4 horas de conversación, Gabo le recomendó que dejara de ser "tan desocupado". De ese encuentro surgió otro libro: Rosas para una visita.

La cita más reciente fue hace un mes largo, de nuevo en Cartagena, y de ella sacó un valioso recuerdo. Gabo le firmó la edición príncipe de Cien años de soledad que compró el mismo día que llegó la primera remesa de ejemplares a Cali, hace casi 40 años.

Jaramillo está preparando otro libro para el cumpleaños 80 de Gabo, pero además tiene un nuevo empeño: hacer de Aracataca el sitio turístico que debe ser, llevando turistas desde Cartagena. A los 66 años y después de haber sido contador, publicista, instructor de ventas y hasta gerente de un centro comercial, se dedicará a lo que más sabe y más le gusta. “Esto me hará más feliz que pasar ocho horas diarias en una oficina".

CUANDO LO CONOCI Cuando supe que Gabo estaba en Cartagena, me fui a conocerlo. Estuve cuatro horas hablando con él y le conté todo lo que hacia. Y me dijo que dejara de ser tan desocupado”.

Fernando Jaramillo

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