Termina una campaña de transición

Termina una campaña de transición

La campaña para las elecciones de Senado y Cámara que termina hoy fue de transición. Tres temas fundamentales relacionados con procesos sin precedentes en la historia de Colombia la diferenciaron de las anteriores: la reelección, las nuevas reglas electorales de la Reforma Política y las revelaciones sobre el matrimonio paramilitarismo-política.

12 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Transición porque en los tres casos se trata de fenómenos nuevos que marcaron la pauta de la campaña pero que aún están en desarrollo.

Pocas campañas habían sido tan cortas. Los principales partidos políticos esperaron el fallo de la Corte Constitucional sobre la reelección presidencial, a finales de octubre del 2005, para prender sus baterías.

Era lógico, una cosa era la campaña con Álvaro Uribe en la contienda y otra muy distinta con este fuera de competencia. Una vez la Corte dio luz verde, el gobierno Uribe se convirtió en el centro del debate electoral parlamentario entre uribistas y oposición.

Con el estreno de la figura empezó a cambiar la forma de hacer política en Colombia y el discurso de los candidatos al Congreso ya no hace exclusivamente alusión al “cambio” sino que entra a jugar la palabra “continuidad”.

Sin embargo, más que un debate de ideas y sobre un modelo de país lo que se oyó fue “yo estoy con Uribe”, de un lado, y “yo estoy contra Uribe”, del otro.

La reelección apenas empieza a ser asimilada por la conciencia colectiva, los colombianos no están acostumbrados a ver un Presidente en campaña de manera abierta y no está claro cual puede ser el verdadero efecto de un Mandatario en decenas de cuñas radiales pidiendo que voten por tal o cual candidato, y apoyando más de media docena de partidos.

A esto se suma el estreno de las nuevas reglas para las elecciones de Congreso que en teoría deben ser una transición hacia un sistema de partidos políticos estructurados, organizados y coherentes.

Las listas únicas y el umbral son el primer paso, pero el voto preferente debería ser una herramienta temporal. Sin este habría sido muy difícil organizar listas únicas pero su utilización abrió el boquete para que la campaña siguiera siendo en buena medida personalista.

Los candidatos no compiten tanto con los de los demás partidos sino sobre todo con los de su propia colectividad y eso no hace a un partido una organización coherente desde el punto de vista ideológico.

No se trata de llegar a partidos rígidos y monolíticos pero tampoco de seguir con listas de candidatos que lanzan propuestas individuales para marcar la diferencia frente a sus acompañantes de lista con el fin de derrotarlos en las urnas.

Finalmente, las denuncias sobre vínculos de políticos con paramilitares marcaron uno de los puntos más candentes del proceso electoral. Sin embargo se trató de casos marginales, de 5 o 6 candidatos, sin que salieran a flote las verdaderas dimensiones del proyecto político paramilitar, que según los mismos comandantes de las autodefensas puede llegar al 35 por ciento del Congreso saliente. Lo que se vio en la campaña fue entonces apenas un adelanto del debate real sobre los vínculos entre los ‘paras’, la política y otros sectores de la sociedad.

El país amanecerá mañana con un nuevo Congreso pero los principales temas que rodearon la campaña seguirán rondando pues cambios de semejante envergadura toman tiempo para ser asimilados.

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