Juan Álvarez se ‘comió’ el cuento

Juan Álvarez se ‘comió’ el cuento

El cuento de su vida comenzó cuando empezó a convertirse en el fruto de las travesías amorosas de una pareja hippie que a finales de los años setenta vivía y trabajaba en Neiva (Huila). Allí nació por accidente y de allí fue traído a Bogotá, a esa edad en que los bebés dejan los pañales.

11 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Desde entonces, la tierra opita ha sido el destino de cortas visitas en tres oportunidades. Las dos primeras fueron paseos de adolescente en vacaciones, y la última ocurrió hace pocas semanas, cuando fue invitado a presentar su obra 'Falsas Alarmas', ganadora del Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá, una convocatoria del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT).

El clima, la piel de la provincia y la mirada de los jóvenes, además de otros impactos, lo dejaron 'bailando' entre la revelación y el recuerdo.

"Entre la emotividad y el desarraigo, como descubrir una realidad ajena a uno, pero de la que uno quiere hacer parte; que no le pertenece pero uno quiere que le pertenezca". Lo dice sentado en la pequeña sala del apartamento chapineruno donde vive.

En su condición de ser urbano, "porque tengo la ciudad incorporada al código genético, casi como una fatalidad generacional", Juan Álvarez estudió en el colegio Juan Ramón Jiménez, desde kinder hasta obtener su grado de bachiller, en 1995, cuando decidió hacer parte del taller de escritores de la Universidad Central.

En el 2001 se graduó en filosofía, en la Universidad de Los Andes, para volver al colegio de toda su vida como profesor de ética e historia del pensamiento moral. En agosto del 2002 viajó a la ciudad de El Paso, frontera México-estadounidense, para adelantar estudios de maestría en el programa bilingüe de creación literaria de la universidad de Texas, donde fue asistente de cátedra, editor de la revista Rio Grande Review y miembro del consejo de redacción de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea.

El 6 de junio del año pasado regresó para ver a sus amigos, "que son como esas costras de toda la vida, que crecen con uno y con quienes se llega a un punto en el que uno mismo no entiende ni por qué son sus amigos, pero que terminan por encerrar un afecto imposible de aplazar".

Llegó justo la semana en que el IDCT amplió el plazo para entregar los trabajos del concurso de cuento, y él, que venía de presentar sus manuscritos a varias convocatorias en España, sin recibir siquiera un acuso de recibo, decidió participar con una obra que había madurado durante tres años en El Paso.

En un comienzo eran 12 cuentos, pero quedaron nueve: Noches caras; Nunca te quise dar en la jeta, Javier; 31 de diciembre de 1999; Nadie iba a venir a jodernos; Fw, dos puntos, Metasexo; y Falsas Alarmas, que también es el título del libro. Esos fueron los originales que entregó, luego de hacer fila en una ventanilla del IDCT, de donde salió con la ficha número "sesenta y pico".

Meses después, una mañana en que se alistaba para ir a un laboratorio clínico, a dejar su muestra de sangre, una llamada telefónica le indicaba el resultado de esa otra muestra de su misma sangre, que es su trabajo literario. Había ganado el concurso de cuento. Según el jurado, en sus relatos "destaca el humor, y la clara voluntad de contar una historia, (...) se arriesga a usar recursos estilísticos y técnicos que los dotan de un aire original…".

No era 'falsa alarma', era el reconocimiento de un trabajo que también encarna los mejores augurios para este joven escritor, que además de llevar su oficio con disciplina, también es un ‘pelao’ común y corriente, de aquellos que disfrutan la noche sin destruirse, que sale a pagar servicios, que dicta clases y que persigue los placeres del amanecer, “porque es la hora en que nadie jode”.

Llegó al país dispuesto a hacer el ejercicio del rechazo, porque de manera extraña el cuento no gusta mucho en las editoriales, pero ahora, después del premio, el cuento empezó a ser otro.

gergel@eltiempo.com.co.

LLENAR BIBLIOTECAS "A riesgo de sonar un poco ‘mamón’, creo que debemos insistir en la necesidad de leer y leer”.

Juan Álvarez, escritor.

PREMIO DE POESÍA A ‘LA HERIDA INTACTA’ Dentro de los premios que el próximo martes entregará el Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT), además del de cuento, también está el de Poesía Ciudad de Bogotá, otorgado a ‘La herida intacta’, una obra del poeta bogotano Mauricio Contreras.

Según el jurado, integrado por Augusto Pinilla, Gonzalo Márquez y Antonio María Flórez, "se destacan en este poemario la audacia artística y el sentido filosófico que definen, en términos de poesía, nuestro tiempo. (...) “Igualmente denota un preciso conocimiento de la expresión universal y su vigorosa tentativa por nombrar las cosas primordiales con una penetrante visión de la cotidianidad y una escritura fragmentaria y reveladora”.

La ceremonia de entrega de estas distinciones tendrá lugar en el Planetario Distrital.

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