¿El cura conocía a sus asesinos?

¿El cura conocía a sus asesinos?

La terrible noticia sacudió ayer a decenas de habitantes del barrio La Fragua, en el sur de Bogotá. A las 7:30 de la mañana una vecina se encargó de tocar las puertas de varias casas. Y a la vez gritaba lo que acababa de ocurrir: “¡Mataron al sacerdote, mataron al sacerdote!”.

11 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Muchos se sorprendieron y pensaron que era una broma de mal gusto hasta que apareció una furgoneta con expertos forenses de la Policía Metropolitana. El vehículo se parqueó frente a la casa cural de la parroquia del Santo Cura de Ars.

Poco después, todo el barrio lloraba la muerte del sacerdote Yimy Torres Sáenz, de 43 años, y del joven seminarista Ramiro Prieto, de 23.

El cuerpo de Torres fue hallado en la sala de la casa, con una bolsa plástica sobre su cabeza y varias corbatas dentro de su boca. El de Prieto también apareció así, en una de las habitaciones de la casa cural. Los dos murieron asfixiados.

¿Qué hay detrás del asesinato de este sacerdote, oriundo de Sogamoso (Boyacá), que hace año y medio era el párroco en La Fragua? Versiones preliminares de los organismos de seguridad conocidas por EL TIEMPO, señalan que el sacerdote al parecer conocía a los homicidas.

Los investigadores creen mucho en esta hipótesis porque, según ellos, “las puertas y las chapas no fueron violentadas, lo que indica que alguien tuvo que abrirles a los victimarios. Y el cura y el seminarista eran los únicos que dormían en la casa cural aquella noche”.

Además, añaden, “ pese a la presencia de objetos de valor como dos televisores, un DVD, un computador, los homicidas no hurtaron nada”.

Las autoridades afirman que el crimen ocurrió aproximadamente a las 2 de la madrugada.

El cura Torres llegó a descansar a la medianoche a la casa cural, pues unas horas antes estuvo en compañía de unos amigos, tomando cerveza, en una tienda del barrio Restrepo, en el sur.

Allí el sacerdote vio por televisión el partido entre Santa Fe y Estudiantes de la Plata de Argentina, jugado el jueves pasado. Lo acompañaron también el vicerrector del colegio del Santo Cura de Ars, y el padre de este. “El sacerdote se bajó de un taxi y se encontró en la casa con el seminarista.

Ambos estuvieron viendo televisión durante un rato”, afirman los investigadores.

La primera persona que ayer vio los cuerpos –y avisó a las autoridades– fue Luz Marina, la aseadora de la casa que llegó a las 7:00 a.m.

Los investigadores se encontraron con los dos cuerpos vestidos de civil. El televisor estaba encendido. En la sala, justo al lado del cadáver de Torres, vieron “un arma blanca (un cuchillo) que, sin embargo, no fue usada en el crimen”.

También recogieron del suelo el maletín del sacerdote Torres, que contenía sus objetos de uso personal y algunas escrituras de casas.

Hasta ahora, el único testigo de este hecho es un habitante de la calle que duerme a pocas cuadras del lugar que vio entrar al sacerdote a la casa.

Según él, la luz permaneció prendida, pero no se escucharon gritos.

Torres es un sacerdote diocesano y, antes de llegar a La Fragua, había trabajado seis años en Ciudad Jardín, en el norte de la ciudad.

Tiene nueve hermanos y algunos de sus familiares estuvieron presentes durante el levantamiento de su cuerpo.

Cecilia Fonseca, una feligrés de ese sector, le dijo a EL TIEMPO que el párroco, a finales de diciembre se le acercó y le hizo una confesión. “Me dijo ‘Ore por mí, Cecilita’, que estoy en peligro”, contó la feligrés. “Él era muy franco cuando se refería a los problemas del país y quizá a muchos no les gustaba eso”, dijo una habitante de La Fragua.

El seminarista Prieto era profesor del colegio Santo Cura de Ars. Ayer sus alumnos lo recordaron como un “excelente” profesor de ética, que estaba esperanzado porque estaba a punto de ser ordenado sacerdote.

SE DUPLICARON LAS MUERTES EN EL MUNDO El año pasado fueron asesinados 26 obispos y religiosos católicos en el mundo, según informó el Vaticano a finales del 2005.

Esta cifra duplica el número de muertes violentas en comparación con el 2004. Colombia, Brasil y México son los países donde más se cometieron crímenes contra religiosos en Latinoamérica.

En febrero del 2006 fue muerto el italiano Andrea Santero, en Trebisonda (Turquía), y otro en Nigeria (África).

ATAQUES RECIENTES CONTRA LA IGLESIA 14 de febrero: la Iglesia del Señor de los Milagros, en El Espinal (Tolima), se quemó en un incendio. Al parecer hubo manos criminales. La Diócesis de El Espinal excomulgó a los responsables del incendio del templo, que había sido construido hacía 14 meses.

Primero de marzo: amenazas de muerte al párroco de la iglesia del barrio Buenos Aires, en Medellín.

8 de marzo: un grupo de delincuentes atracó al párroco Óscar Marín, en Envigado (Antioquia). Lo golpearon y lo despojaron de cuatro millones de pesos en su iglesia y dos relojes.

36 asesinados en el país en seis años En los últimos seis años han sido asesinados 36 religiosos, entre sacerdotes, monjas y seminaristas en el país. Once más han sido agredidos o han resultado heridos.

En los últimos 12 años han muerto violentamente 72 religiosos. La mayoría son sacerdotes: 61.

El 2002 se distinguió por el gran número de muertes de religiosos.

Asesinaron a un Arzobispo, 8 curas, una religiosa y un seminarista. En el 2005 fueron asesinados cuatro sacerdotes y una religiosa.

Entre el 2000 y el 2006, 16 religiosos fueron secuestrados. Se destaca el plagio de dos obispos: el de Zipaquirá (2002) y el de Yopal (2004).

En los últimos seis años, han sido amenazados 26 religiosos en el país.

Entre ellos, tres obispos.

En la última década, 71 iglesias y casas curales han s ido destruidas como consecuencia de ataques de la guerrilla y de los paramilitares.

Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia.

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