En Francia, los jóvenes cerebros se están fugando

En Francia, los jóvenes cerebros se están fugando

Francia atraviesa una grave crisis de confianza. Cerca de 2’200.000 pobladores de este país se han ido al exterior, la mitad de ellos menores de 35 años. Según una reciente encuesta, el 77 por ciento de la población estima que su país está “más bien en declive”.

11 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Una decena de libros analizan esta depresión: Nuevo mundo, vieja Francia (Nicolas Baverez), Francia está quebrada (Remi Godeau), La desgracia francesa (Jacques Julliard), La fatiga de las élites (François Dupuy), El crepúsculo de los pequeños dioses (Alain Minc). Son los ‘declinólogos’.

El más lúcido, el historiador y economista Nicolas Baverez, cuyo libro Francia cae (2003) bordea los 150 mil ejemplares en ventas, habló para EL TIEMPO.

En los últimos años, un millón de franceses menores de 35 años se han ido al exterior y muchos no quieren regresar. ¿Por qué? El nivel de desempleo de los jóvenes (23 por ciento) es el más alto de todos los países desarrollados. El sistema educativo no funciona bien: 161.000 jóvenes salen de colegio sin ninguna formación y son, por tanto, incapaces de adaptarse a la sociedad actual. El 40 por ciento de los jóvenes abandona sus estudios sin ningún diploma. Los muchachos en Francia están hoy entre el desempleo o la exclusión y la delincuencia.

El trabajo hoy está concentrado en un núcleo de la población activa entre los 32 y los 50 años. Entonces, la única solución que tienen los jóvenes, cuando tienen iniciativa, es partir.

La partida de tantos jóvenes también puede constituir una oportunidad para Francia...

Lo grave es que este movimiento es en un solo sentido: no hay la misma cantidad de jóvenes calificados que se instalan en Francia. Cada año se otorgan más de 5 mil visas a jóvenes científicos franceses para E.U. En algunos centros universitarios franceses de excelencia prácticamente el 80 por ciento de cada promoción está partiendo al extranjero. Francia está vaciándose de su juventud. Es una sociedad bloqueada, donde no hay porvenir para un joven. ¿Cuáles son los principales síntomas de este malestar? Francia está en una situación prerrevolucionaria. Hay una ruptura entre el país legal y el país real, una deslegitimación de la clase política como se vio en el referéndum europeo del 2005. Segundo, hay una crisis institucional, y nuestras instituciones son a la vez autocráticas e impotentes. El tercer elemento es la crisis económica y social: el crecimiento francés fue de 1,4 por ciento el año pasado, menos de 1,5 desde 1990, un crecimiento frágil.

Desde hace 25 años, el desempleo se eleva al 10 por ciento. Las ganancias de productividad y ganancias de poder adquisitivo están bloqueadas. Tenemos dificultades: la deuda pública se eleva al 68 por ciento del PIB y el déficit público estructural es de 3,5 por ciento del PIB por año.

El mundo se sorprendió con los disturbios de noviembre, cuando jóvenes quemaron 10 mil autos. Esos disturbios son una prueba de que Francia está atomizada en comunidades, ya no es una nación de ciudadanos unidos. Todo está reunido para crear un espacio a la violencia política y social, y también al extremismo. Pero también hay señales de pasos en la buena dirección: el año pasado no hubo una verdadera solidaridad con los conflictos de los transportes y también hay una toma de conciencia muy clara de los franceses del declive del país.

¿Qué explica esta crisis? Francia fracasó en todos los giros históricos de finales del siglo XX.

Fracasó con la mundialización, fracasó con la caída del Muro de Berlín al querer perpetuar la Guerra Fría y oponerse a la reunificación alemana; defendió a Gorbachov contra Yeltsin; se ha mostrado reticente a la llegada de las nuevas democracias a Europa, quiso defender hasta el absurdo la gran Serbia y las fronteras de la Segunda Guerra mundial. Francia se divorció del mundo moderno.

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