Ley de bancadas: sí, pero no

Ley de bancadas: sí, pero no

Si tomáramos como base para escoger un candidato aquello que vemos u oímos en las vallas políticas pagadas, en las propagandas –igualmente políticas y pagadas– radiales y televisivas o en los medios impresos podría uno concluir que sencillamente no hay nadie por quién votar. Esta ha sido la peor campaña que he vivido en mi vida. No hay propuestas ni argumentos. Mucho ruido, muchos colores, muchas manitos en el corazón acompañadas de idiotas miradas a lontananza, y de nueces, nada. Ridículos argumentos, como el ser joven, ser mujer, o ser joven y mujer, se esgrimen como razón para conquistarnos el voto y el corazón.

09 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

En una página entera de la revista Semana, un candidato sólo tiene cuatro palabras para expresar su ideario, programa o como quieran llamar su propuesta: ‘gran compromiso por Bogotá’. El candidato en cuestión hubiera podido al menos redactar un parrafito con un par de verbos conjugados, en el que nos diera aunque sea una lucecita sobre su proyecto. No cito más ejemplos patéticos. En el caso de la publicidad política pagada en la radio, la situación puede ser aun más lamentable: más que de un debate político, pareciera que se trata de un concurso al estilo del ‘reality’ Factor X, con la única diferencia de que, en este caso, se compite por la más ruidosa y, a la vez, peor canción. Tienen como mérito que al menos el relajo de fondo acalla las tonterías que proponen los candidatos. Es una verdadera frustración, para quienes vamos a votar, el bajísimo nivel al que ha llegado esta campaña, que oscila entre lo social, lo social y lo social, y Uribe, Uribe y Uribe.

Hablando de frustraciones y elecciones, a pesar de todas las cosas nuevas y muchas veces incomprensibles que trajo la reforma política, como el voto preferente, la ley de bancadas, umbrales, listas cerradas y demás novedades, todo parece indicar que de aquello del cambio, poco o nada. El martes pasado, este diario publicó un artículo sobre la ley de bancadas. Lo leí confiando en adquirir claridad sobre sus implicaciones en la renovación de nuestras malas costumbres políticas. Lo releí, pues entendía a veces sí y otras no. Conclusión: sí, pero no.

Por un lado, se supone que los miembros de cada bancada deben actuar en grupo y de manera coordinada. Lo que me parece muy bien para evitar a los saltimbanquis y maromeros que se adueñaron de los recintos del Congreso. Sin embargo –y aquí viene el pero–, “los partidos podrán dejar a sus miembros en libertad de votar cuando se trate de asuntos de conciencia, conveniencia política y de trámite legislativo o controversia regional en la Cámara”. O sea: tienen que actuar como bancada, pero lo pueden no hacer. Como ocurre en las calles de Bogotá, la mitad pavimentada y la otra mitad, llena de huecos inmensos.

A pesar de sus payasadas, votaré por la lista de Mockus. Me consta que cuando trabaja es serio

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