Neidys y su larga batalla contra el virus del sida

Neidys y su larga batalla contra el virus del sida

Neidys Carola Coronado, la ganadora del XVIII Premio Cafam a la Mujer, fue prostituta durante 15 años y se enteró el 12 de enero del 2000 de que era portadora del virus VIH.

08 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

En Aruba y Curazao, islas caribeñas, satisfacía los deseos de rudos marineros, exóticos nativos y turistas de paso.

Hoy, cuando su coraje es reconocido, no se avergüenza del oficio que ejerció ni de la enfermedad que tiene.

La década de los noventa empezaba y Neidys era una atractiva y joven mujer que sorprendía con su belleza y desparpajo a hombres de tierras lejanas y desconocidas para ella.

A Santa Marta, su ciudad de residencia, regresaba cargada de dólares con los que intentaba, en vano, curarse de la nostalgia y el asco que le producían los cuerpos de los extraños que le pagaban por sexo.

Yahaira y Maigelys, sus pequeñas hijas, la esperaban junto a su abuela María Inocencia para que las deslumbrara con los regalos que les traía de sus correrías.

Ahora, a los 19 y 21 años de edad, sus hijas son uno de los pilares en los que se ha basado su recuperación física y psicológica.

Samuel Coronado, su padre, también la ha apoyado sin condiciones ni remilgos. Además, los médicos Hernando Estrada, Mónica Payares y Elsy Zúñiga han seguido de cerca el sorprendente proceso que le permite hoy ayudar a decenas de personas con las que comparte la misma enfermedad y las ganas de derrotarla.

“Nadie sabía en verdad a qué me dedicaba, pero yo traía miles de dólares que nos alcanzaban para sobrevivir a gusto varios meses”, dice esta mujer nacida en El Copey (César).

Ayer, a sus 42 años, recibió una estatuilla y 15 millones de pesos como reconocimiento a su tarea en la Fundación Luz de Esperanza y en el hogar de paso que funciona en su casa del barrio Villa del Río, en Santa Marta.

Allá se dedica a ayudar a otros enfermos de sida en su recuperación.

La muerte ronda por los lugares en los que también ha acompañado a más de uno a regresar del otro lado. “Hay personas muy berracas que se recuperan por las ganas que le ponen a la batalla cotidiana y al amor de quienes las rodean”, dice la mujer que ha visto morir cerca de una docena de enfermos de sida.

“Se trata de personas que llegan muy enfermas al lugar –explica el médico Hernando Estrada, director científico de la fundación–. Neidys es una mujer muy generosa, yo la tuve que atajar porque desde antes de estar recuperada quería ayudar a otros”.

Sin arrepentimientos Ya llevaba varios meses enferma, pero ninguno de los médicos que consultaba daba con el mal.

Ella sí lo presentía. En medio de los padecimientos que la hicieron perder varios kilos y la mandaron a la cama recordaba sus años de prostituta y temía lo inevitable.

“Empecé a llorar y a gritar, quería hablar con Dios mismo para que me explicara por qué me estaba pasando eso”, dice Neidys, en tono sereno, al recordar el día en que se enteró de que era portadora del virus del sida.

Luz Estela Espinoza, su mejor amiga, fue la primera de las muchas personas que con su confianza la han animado a salir de su enfermedad.

Ahí mismo empezó la batalla. A los seis meses de saberse la mala noticia, su madre murió atormentada de verla tan enferma y sin poder enterarse de la recuperación que llegaría casi un año después.

Luego, una tuberculosis estuvo a punto de derrotarla para siempre. “Fue el momento más duro después de enterarme de que era portadora”, cuenta al recordar la crisis que la tuvo cuatro meses sin poder pararse de la cama.

Ayer, cuando leyó su nombre de ganadora en una pantalla gigante del Centro de Convenciones Cafam, Neidys repasó la larga historia que la tenía recibiendo el galardón a la mujer del año. Luego, dejó escapar un par de lágrimas cuando Lina Moreno de Uribe, Primera Dama de la Nación, le entregó el galardón.

“No esperaba ser la ganadora, todas las mujeres que estábamos como finalistas nos merecíamos el reconocimiento por nuestras labores”, asegura con humildad.

No se arrepintió de nada de lo que había hecho y empezó a planear cómo invertir el dinero recibido.

“Voy a pañetar mi casa porque está en obra negra y a comprar una nevera para que sea un mejor hogar de paso ya que Dios me dio una segunda oportunidad ”, pensó esperanzada.

OTRAS FINALISTAS DEL PREMIO CAFAM Al XVIII Premio Cafam a la Mujer fueron postuladas más de 150 candidatas de diferentes zonas del país. A su vez, los jurados regionales del concurso escogieron 19 finalistas que ayer se reunieron en el Centro de Convenciones de la caja de compensación para recibir el veredicto.

La primera mención de honor, con un incentivo de 7 millones de pesos, la recibió Bibiana Farley Pérez Tijaro, finalista por Bogotá , una joven que desde niña emprendió, con la Fundación Semillitos, actividades sociales en beneficio de menores con dificultades de aprendizaje, en zonas marginadas de la capital.

La segunda mención de honor, también con un incentivo de 7 millones de pesos, se le otorgó a María Elena Cortés Cardozo, finalista por el Huila y presidenta de la Asociación Campesina Colombiana. Ella lidera acciones comunitarias en la educación y capacitación de mujeres cabeza de familia, en zonas rurales del municipio de La Plata.

Además, Adiela Arias Rico ganó una mención especial a la Mujer Cafam del Quindío, por sus actividades ecológicas.

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