Irán: ¿al banquillo de la ONU?

Irán: ¿al banquillo de la ONU?

La crisis diplomática generada por las actividades nucleares de Irán, que se viene agudizando, hoy podría llegar a un punto álgido, cuando el consejo de gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea), organismo encargado de velar por que no proliferen las armas de destrucción masiva en el mundo, decida si el caso iraní debe ser sometido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para una eventual imposición de sanciones.

06 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

La decisión de la Aiea dependerá del informe que presente a los gobernadores el director general de la agencia, Mohamed El Baradei, sobre el programa nuclear iraní. Este programa –que el gobierno iraní alega adelantar con fines exclusivamente pacíficos, aunque hay serias sospechas de que apunta a producir la bomba atómica– se ha intensificado en las últimas semanas, contra las objeciones de Estados Unidos, Europa e inclusive Rusia, la potencia que más esfuerzos ha hecho para evitar una confrontación internacional por este motivo.

El gobierno de Moscú ofreció una salida a la crisis, al proponerle a Irán un acuerdo para que el enriquecimiento de uranio que este quiere realizar se efectúe en Rusia. Pero ni esta idea ni la mediación de Alemania, Francia y el Reino Unido, cuyos cancilleres se reunieron el viernes con el jefe negociador iraní, Alí Larijani, han conmovido al gobierno de Teherán, decidido a continuar su programa nuclear a toda costa.

A pesar de las negativas iraníes, en la mente de las potencias occidentales se afianza el temor de que el régimen de los ayatolás, uno de los más radicales del área del Golfo y el Oriente Medio, esté preparando el camino para fabricar bombas nucleares. Las sospechas aumentaron desde el 11 de enero, cuando las autoridades iraníes rompieron los sellos que la Aiea había puesto en la planta de Natanz y otras dos instalaciones y reanudaron la transformación de uranio en gas, primer paso hacia su enriquecimiento. Estas actividades estaban suspendidas desde el 2003, cuando la Aiea las descubrió y las instalaciones fueron selladas.

El desafío iraní agravó las tensiones creadas por las declaraciones del presidente Mahmud Ahmadinejad contra Israel, y refleja el deseo de Irán de convertirse en un poder decisorio en la región más conflictiva del mundo. Si a esto se agrega la influencia que el gobierno de los ayatolás tiene sobre los chiitas de Irak –principal fuerza religiosa y política del país–, es fácil ver por qué todo esto causa alarma en Occidente y, sobre todo, en Washington.

El gobierno de George W. Bush no se queda atrás en el camino de complicar el cuadro. Como lo señaló ayer un editorial de The New York Times, el acuerdo que Bush selló el jueves con la India, durante su visita a ese país, para darle acceso a la tecnología nuclear civil “podría haber sido empacado en papel de regalo y enviado a Teherán”, pues premió a un país que tiene armas nucleares y se niega a firmar el Tratado de No Proliferación de las mismas.

Un acto contradictorio que no ayudará mucho al empeño estadounidense de frenar, con sanciones de la ONU o sin ellas, el programa nuclear iraní.

editorial@eltiempo.com.co

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