Depuración diplomática

Depuración diplomática

Hace un tiempo, era una práctica aceptada que la diplomacia fuera una extensión del manejo de los asuntos del gobierno de turno como una fórmula para hacer acomodos de tipo político: colocar a alguien a quien no se le pudo dar un cargo en el gobierno, a un familiar de un ‘amigo’ del gobierno, a un parlamentario que se quemaba en las elecciones o a un funcionario que se quería enviar afuera por razones de seguridad o sencillamente un gesto de amistad. La realidad es que eso era un asunto normal en el funcionamiento del gobierno.

03 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Esos embajadores, cónsules y funcionarios así nombrados pasaban una temporada de descanso en otro país y luego regresaban con una platica. Y nadie les pedía un informe serio sobre su gestión y menos sobre resultados concretos del trabajo hecho. Sencillamente porque lo que menos importaba era eso.

Los tiempos han cambiado y por efecto de la apertura del mundo se necesita que también se cambie, al menos en parte, la concepción de lo que debe ser un diplomático.

Sin abandonar -al menos en algunos casos como Estados Unidos, Venezuela y España, entre otros- la importancia del carácter político y de relaciones internacionales de los embajadores, es necesario revisar los criterios con que se asigna buena parte de los cargos diplomáticos.

Nadie discute que un país como Colombia que enfrenta problemas particulares -como la violencia y el narcotráfico- requiere que en algunos países se tenga representantes con capacidad para enfrentar esos problemas y hacer lobbying en favor de los intereses nacionales.

Pero en otros casos, los embajadores deben ser verdaderos representantes más cercanos a los temas comerciales y de negocios antes que de política, pues en este campo el trabajo es menos que insignificante.

Así se pregone con alguna razón que se ha dado algún cambio en este sentido, la verdad es que todavía queda mucho por hacer y hay casos que limitan con la pena y la rabia: embajadores y cónsules que llegan a un país al que ni siquiera han ido de paseo y no tienen conocimientos ni contactos de alguna significancia. No es el del caso dar nombres, pero la lista pasa por Suramérica, Centroamérica y Europa, especialmente.

Ahora que estamos hablando de libre comercio y TLC es hora de iniciar un trabajo de depuración diplomática. El primer ejercicio que se debe hacer es definir el perfil de los representantes en cada parte, en el entendido que no es lo mismo el aembajador de Brasil o Argentina que el de Canadá, España o Francia.

Para creer que las cosas están cambiando, lo primero que debe haber es una depuración política de la diplomacia. Chile y México son ejemplos

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.