UNA ESTRATEGIA COHERENTE PARA UN PAÍS EN FERMENTO

UNA ESTRATEGIA COHERENTE PARA UN PAÍS EN FERMENTO

Eureka! Ya tenemos Presidente para el 94! Las revistas especializadas (aunque solo sea en equivocarse), los editorialistas trasnochados de no pocos diarios, las emisoras milagreras, los inefables noticieros televisados, los politólogos bullangueros, han proclamado al candidato. Adiós participación. Adiós democracia. Adiós azar. Buenos días aburrimiento. Parecería que el país solo se preocupara por sus próximos gobernantes (no importa lo excelentes que puedan ser) y abandonara al actual. Gravísimo error de los llamados medios . No son solo los hombres los importantes; las políticas son el complemento necesario (o al revés) de la historia. Esta especie de panal en marcha que es Colombia, un país en fermento fenomenal, grávido de las mayores sorpresas ( qué es lo que no ha ocurrido aquí en el curso de los pasados 24 meses?) necesita, además de nuevas utopías, una estrategia capaz de impulsarnos hacia ellas. La utopía es la luz en el horizonte y hacia ella, mirando fijamente el porven

19 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Por más cambios y revueltas que sufra el país, la esencia de los problemas sigue siendo la misma: Hay muchas consideraciones que guardar le escribía ya Bolívar a Santander en 1821 en este caos asombroso de patriotas, godos, egoístas, blancos, pardos, federalistas, centralistas, republicanos, aristócratas, buenos y malos y toda la caterva de jerarquías en que se subdividen las diferentes partes .

El nuevo gabinete ministerial permite abrigar esperanzas. Hemos progresado. Del duermevela del gobierno anterior a la alerta permanente del actual hay mucho trecho. No es que Colombia tenga mala memoria, es que no tiene. Quién de los que critican al presidente Gaviria se acuerda de los años negros, cuando las bombas estallaban en todas las esquinas de las ciudades y caían acribillados en cualquier parte los mejores hijos de la patria? Es de anhelar que el gabinete gobierne, naturalmente bajo la autoridad y la guía del primer mandatario, pero consciente de su responsabilidad nacional. Los ministros representan algo, un partido, un grupo, un movimiento, una ideología, lo que sea, pero no pueden esquivar sus responsabilidades con el cuento de que han sido nombrados por la generosidad presidencial. No; están en Palacio como en las épocas de López y de Lleras Camargo para gobernar conjuntamente, en Consejo de Ministros, bajo la autoridd presidencial, primus inter pares , pero con vocería sobre todo y para todo.

La idea, la utopía, está en el horizonte. Después de la visión, debe venir la pasión de construir. Naturalmente la problemática nacional no consiente una solución general sino más bien soluciones singulares que, combinadas, se acercan a la solución general , como muestra Musil en EL hombre sin calidades al hablar de ciertos problemas matemáticos. Esas soluciones singulares son las que deben enmarcarse en una gran estrategia presidencial. Sería un error considerar que esta o aquella política global es la panacea o, por el contrario, está mandada a recoger. El mundo se renueva cada día. En general las fórmulas ideológicas nos llegan tarde. Pero no nos importa porque creemos en la empresticina como remedio económico a todos nuestros males. Y esto no es así. Lo saben muy claramente dos de los nuevos ministros del equipo económico, Juan Manuel Santos y Juan Camilo Restrepo.

No sé hasta qué punto estos criterios puedan conseguir el imprimatur de los politólogos ( o será mejor decir mitólogos?), monocromos y monomaníacos, cuya condescendencia excesiva con la casta política parasitaria subvencionada por el Estado en proporción directa a su carencia de ideas, les valió la excomunión menor de EL TIEMPO. Conseguir esa adhesión no me quita el sueño. Me preocupa más para el país, la temeraria gimnasia espiritual de los políticos aficionados y sus monitores cuyos experimentos in anima vili pueden terminar in artículo mortis .

Aun cuando el Romancero sostiene que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos , no es aconsejable perder la fe. Tal vez no se pueda planificar la economía, pero sí la educación. Tal vez no se pueda detener la inflación, pero sí reorganizar por enésima vez la maltrecha cancillería. Los ministros Holmes-Trujillo y Noemí Sanín pueden hacerlo.

La estrategia del acercamiento a la utopía por pasos cortos y singulares, enfrentando decididamente la incertidumbre, puede ser una victoriosa manera de gobernar en forma racional.

Como los conflictos no van a desaparecer, y tampoco las soluciones técnicas y las ideológicas, ya habrá tiempo de seguir el apasionante fenómeno.

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