El viento trae adrenalina a Cartagena

El viento trae adrenalina a Cartagena

Además de los pelícanos que vuelan bajo, el mar en Cartagena se llenó por estos días de practicantes de deportes extremos que ‘también vuelan bajo’.

02 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

Se trata de un ejército de amantes de las tablas y las velas. Se lanzan al mar para sacarle provecho a la temporada de vientos alisios que, según el Centro de Investigaciones Hidrográfico y Oceanográfico (Cioh), oscilan entre 10 y 20 nudos y producen mar de leva, especialmente en horas de la tarde.

Perfecto para el windsurf y el surf.

Pero si los vientos no ceden, el sol tampoco. Dicen algunos exagerados que el calor puede cocinar a un cangrejo vivo en la playa, pero no es verdad.

“La mejor hora para practicar es en la tarde, porque el viento sopla uniforme y no es rachado (inconstante)”, dice Osmeth Escorcia, un veterano reparador y constructor de tablas para deportes extremos en el mar, que lleva 23 años en el oficio. “Los mejores vientos son los que soplan desde el norte”, agrega.

Para el joven ingeniero civil chileno Matías Errazuri Cartagena es una maravilla. Aunque es un aprendiz intrépido, dice que en su país las aguas de los lagos, donde practica el windsurf son demasiado frías. “En cambio en Cartagena sopla brisa fuerte y fría y el mar es tibio”, explica.

Pero la emoción que les significa los vientos alisios a los deportistas, se vuelve pánico para los pescadores. Mientras los unos saltan emocionados sobre las olas, con sus tablas y velas de colores, los otros salen en sus piraguas atemorizados. Tienen que echarse a un mar revuelto y agresivo a buscar el sustento.

Y es que en otras ciudades del Caribe el mar se ha tragado playas enteras.

La Capitanía del Puerto de Cartagena hace advertencias a los viajeros y a los pescadores.

Fuego a la vista Las llamas por poco arrasan con uno de los ‘santuarios’ de los deportes marinos: la escuela de ‘windsurf’ y ‘surf ' Los Alisios, ubicada en las playas de El Laguito, en la zona turística de Cartagena. El fuego, provocado por un corto circuito, devoró la zona del almacén. Allí había varias tablas y velas que consumió la candela. El administrador e instructor de la escuela, Martín Vega, dijo que hubo pérdidas por cerca de 150 millones de pesos. Toda una calamidad, en medio del festín por la llegada de los vientos. Pero eso no acabó con la diversión. La escuela sigue en pie, frente al mar y recibiendo a los alisios.

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