Trampas a la Reforma Política

Trampas a la Reforma Política

La Reforma Política del 2003 definió nuevas reglas de juego para hacer política y para acceder al poder por la vía electoral.

01 de marzo 2006 , 12:00 a.m.

La campaña para el Congreso ha estado muy agitada, no por el debate de ideas y propuestas, bastante escasas y pobres, sino por cuestiones de mecánica. En la mayoría de los casos la elaboración de las listas y la disolución y la fusión de varios movimientos para fortalecer o crear otros, respondieron más a viejas prácticas políticas que a un deseo de jugarle limpio a la Reforma Política.

En relación con las listas con voto preferente, en estas se está reproduciendo la tan criticada “operación avispa”. Como en el pasado, cada candidato sigue haciendo su propia campaña y presenta propuestas que en muchas ocasiones no coinciden con la publicitada plataforma programática de su partido. Además, el tire y afloje para asignar los números “privilegiados” del tarjetón, demuestra desconfianza en la capacidad de los ciudadanos para escoger y ordenar las listas, que en últimas es el objetivo del voto preferente. Y peor aún, fue razón suficiente para que varios candidatos y candidatas cambiaran de partido, como quien cambia de camisa.

Otro de los objetivos de la reforma fue la democratización de los partidos.

En todos los movimientos que optaron por las listas cerradas –Por el País que Soñamos, Dejen Jugar al Moreno, Visionarios con Antanas Mockus y MIRA– los candidatos fueron impuestos por la cabeza visible del movimiento sin mayores consultas con las bases e incluso en algunos de ellos desconociendo acuerdos previos. Y como si esto fuera poco, algunos dirigentes insisten en presentarse en el tarjetón con sus fotos o con sus nombres, como para no dejar ninguna duda de que son los dueños de la lista.

El transfuguismo político es otra burla a la reforma. Candidatos expulsados de una colectividad, o que no se sintieron a gusto con el trato recibido, se pasaron a otras listas como si nada hubiera pasado; y partidos que ofrecieron avales al mejor postor para superar el umbral, son los ejemplos más dramáticos de esta práctica.

Por último, presentar cinco o seis opciones partidistas en apariencia diferentes, pero que dicen apoyar y avalar un mismo proyecto político, en este caso el “uribismo”, no es jugarle limpio a la reforma. Si son propuestas diferentes, deben hacérselo saber al electorado; y si son lo mismo, los ciudadanos merecen una explicación.

Se dirá que la ingeniería institucional tiene sus limitaciones y que una reforma como la aprobada en 2003 requiere de un período de ajuste. Sin embargo, esto no puede ser excusa para desconocerla y para violentar los objetivos y el espíritu que la inspiraron. Sin voluntad política, como parece estar sucediendo, muchas de las transformaciones previstas quedarán en el papel. Y después del 12 de marzo nos estaremos lamentando.

CONGRESO VISIBLE - CANDIDATOS VISIBLES UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

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