ACTUALIZACIÓN ECONÓMICA

ACTUALIZACIÓN ECONÓMICA

La Academia Colombiana de Ciencias Económicas ha organizado un seminario para el análisis de la formación del economista en los nuevos tiempos. Aparentemente se trataría de un ejercicio puramente especulativo y teórico, esotérico y abstruso. Para no pocos, la intromisión en las escuelas de los brujos, donde se afilan los instrumentos con que han de cortarse las medidas destinadas a hacer la desventura o la felicidad de los semejantes. La misma circunstancia de llamar currículo al plan de estudios, desde luego en forma muy castiza, no deja de confundir a los legos en las disciplinas de la docencia y todavía más también a cuantos lo son en las de economía. Ciencia esta última que despierta, en muchos espíritus, instintiva prevención por no creerla al alcance de sus conocimientos y aficiones o por confundirla con el arte sutil de los negocios. Sin embargo, como lo recordara nuestro venerable maestro Louis Baudin en la cátedra libre de la Universidad Nacional, todo el mundo realiza acto

14 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Tal la razón para que lo relativo a la calidad de la vida (trabajo, ingreso, salud, educación, vivienda), suscite mayor interés que los grandes principios generales, salvo en cuanto la aplicación de éstos (libertad, justicia, seguridad) se traduzca en mejoramiento, estabilidad o deterioro de los niveles de aquella. En efecto, si bien se miran las cosas, las inquietudes ordinarias oscilan entre la certidumbre o la incertidumbre de la ocupación de los brazos, la carestía de la subsistencia y el acceso a los servicios públicos esenciales. Por las características de la situación colombiana, víctima de tanta violencia, de tanta corrupción y de tantos atropellos a la dignidad humana, se mantiene no obstante, en primera línea, el anhelo todavía irrealizado de ver garantizada la propia existencia y los derechos que le son anejos.

De economía se trata. No de las conversaciones suspendidas con la guerrilla en el ambiente hospitalario de Caracas. Y, al fin y al cabo, se supone que su suerte la determinan los especialistas, aunque en materias como las de planificación, tributación y tasas de interés la política deba trazar democráticamente los caminos. La técnica, nunca una sola, se encargará de aplicar sus derroteros. Pero, aun así, no podrán definirse a conciencia si no de dispone de suficientes elementos de juicio, como repetidamente sucediera en Colombia por falta de estadísticas confiables y cuentas nacionales actualizadas. Adviértase, si no, hasta qué punto dichas deficiencias provocaron tantas crisis como las torpezas de los gobernantes y los errores de los tecnócratas en la prospección de obras del estilo de la represa del Guavio. Realidades de lapatria y el mundo En consecuencia, el país necesita economistas bien formados para actuar en las condiciones específicas de Colombia y del cambiante mundo de nuestros días, tanto como del que se halla en gestación para mañana. De Colombia, porque es en su patio, con su idiosincrasia y con sus recursos, tan diferentes de los de la India o de los de la Unión Soviétiva o de los de Estados Unidos por ejemplo, donde ha de cumplirse la ardua e imperiosa tarea del desarrollo, equilibrado y armónico. No con manuales escolares, no con patrones ajenos a su índole ni con tiralíneas importados, sino con fórmulas adecuadas a su realidad específica, sin pretender olvidar, por ello, la interdependencia de las naciones y la globalización creciente de las economías.

No cabe duda de la altísima competencia de no pocas universidades. Nadie pretende ponerlas en tela de juicio. Lo que se pregunta es si el plan de estudios refleja, en general, las realidades y necesidades contemporáneas o si fue oficialmente diseñado a la luz de circunstancias diferentes, en medio de la disputa colosal entre dos sistemas económicos: el de economía centralmente planificada y el de mercado.

En cierta forma prolongación del duelo histórico entre el comunismo platónico y el individualismo aristotélico, el naufragio estruendoso del régimen totalitario soviético significa la victoria del segundo, pero no la sustitución de un dogma por otro, de una religión por otra. Dogma y religión que, sin perjuicio del cristianismo y de otros cultos, tienden a convertir al mercado en otro ídolo, cerrando los ojos a las iniquidades flagrantes, a la voracidad codiciosa y concentradora de sus azarosos automatismos.

Por fortuna para el caso, aunque por desgracia por otros aspectos, en Colombia hemos conocido los estragos que de él se derivan para la economía cafetera. También los perjuicios que a la comunidad ocasiona el desenfreno alocado de las tasas de interés cuando el mercado financiero se libera y, por añadidura, el Estado entra a competir por sus disponibilidades.

En nuestra enseñanza hay, a buen seguro, demasiado énfasis en sus virtudes mágicas, al amparo de la trasnochada concepción neoliberal y desde luego en respuesta a las fementidas excelencias de las economías comunistas. Cuya justificación teórica acaso recibiera atención desmesurada en el plan de estudios mientras fue la alternativa revolucionaria de los pueblos y su esperanza de redención. No puede negarse hasta dónde el marxismo-leninismo, con su vitrina soviética, inspiró parte muy importante de la docencia económica. Probidad decriterios y conductas Así como país ha cambiado y continúa cambiando; como la mentalidad de sus recursos humanos evoluciona y el mundo se transforma, ha de remozarse la enseñanza de la economía, obviamente sin menosprecio de sus herramientas matemáticas, cibernéticas, contables, jurídicas y sociológicas. No en vano ocurre en el mundo un colapso de las proporciones catastróficas del que han sufrido las economías comunistas: inflación galopante, dramática escasez, atascamiento y retraso de los mecanismos productivos, devastación ecológica, temores de hambre y agravamiento de la miseria.

De otro lado, necio resultaría cerrar los ojos a la necesidad de atemperar las fuerzas del mercado con diáfanos criterios de equidad y especialmente desconocer las angustias y necesidades de los pueblos. Si en su seno no han de prevalecer los fermentos subversivos, ni imponerse por la fuerza la brutal explotación de los más débiles, habrá que aprender a discernir, en aras de la convivencia y de la paz, entre lo bueno y lo malo de la filosofía del mercado.

Por sobre todo, dotar al economista de una ética, de una conciencia moral, que lo preserve del delito y la rapacidad; que le estimule el vuelo de la imaginación y que no lo sujete a la aplicación mecánica y rutinaria de los conocimientos adquiridos, poniéndose al servicio de ideales e intereses abiertamente reñidos con los de la comunidad.

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