CLAVE 1952 MUERE EVA PERON

CLAVE 1952 MUERE EVA PERON

La mujer más popular de la Argentina, más poderosa que su esposo el General y presidente Juan Domingo Perón fue expuesta en el gran salón del Congreso Nacional, para que sus millones de descamisados , esa inmensa masa obrera que la idolatraba, desfilaran sollozantes para darle su último adiós. La vida de Eva María Duarte parece inspirada en los radionovelones de la época. Hija natural, con numerosos hermanos, de escasa educación, huyó a los 16 años de su casa y de sus miserias, detrás de un novio guitarrista, para ingresar por la vía de la necesidad al teatro en Buenos Aires. Un jueves 28 de marzo de 1935 debutó, en el modesto papel de sirvientilla, en la obra de Ernesto Marcili, La señora de Pérez , estrenada en el Teatro de la Comedia. Su nombre apenas figuró en el programa y su único parlamento es: La mesa está servida .

13 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Antes de diez años, la actriz de tercera fue la primera dama de Argentina y, de paso, la inspiradora del justicialismo , abanderada de 5 millones de humildes descamisados argentinos.

Al morir Evita, la locura mística se apoderó del pueblo. La poderosa Confederación General de Trabajadores solicitó al Vaticano su canonización y a Perón, que el cadáver se colocara, embalsamado, en una gran urna de plata y cristal.

Durante todo un año, el patólogo español Pedro Ara trabajó sobre el cadáver de Evita. Empleó en su macabra tarea un singular procedimiento para reemplazar la sangre por alcohol y glicerina, devolviendo al rígido cuerpo inusitada elasticidad. La obra maestra 100.000 dólares de honorarios fue por fin exhibida. Eva Perón lucía serena y bella en la Sala Central del sindicato.

En 1955, Perón fue derrocado. Los generales Leonardi y Aramburo quienes se sucedían en el mando iniciaron una inflexible campaña antiperonista, que incluía aniquilar de tajo el culto a Evita.

En cumplimiento de sumarias órdenes presidenciales, dos oficiales de Inteligencia del nuevo régimen militar, el coronel Koenig y su ayudante, el mayor Arandia, se robaron el embalsamado cuerpo 40 meses después de su fallecimiento con el sórdido propósito de eclipsar el mito.

Embalado el cadáver dentro de una caja, identificada como repuestos para radio , permanecerá durante los siguientes 300 días en una anónima oficina de la Dirección de Inteligencia.

Pero desde su escondite, el poder perturbador que irradiaba el cadáver de Evita sobre los trabajadores obligó al presidente Aramburu a deshacerse del estorbo.

Los enigmáticos hilos de la diplomacia se movieron con los gobiernos de Bélgica, Alemania, Italia y el Vaticano, para procurar una clandestina tumba que desvaneciera la amenaza del mítico símbolo.

En septiembre de 1956, el coronel Cabanillas, nuevo responsable de la Inteligencia Militar, recibió la orden presidencial de exiliar el cadáver. En una alambicada operación, la lúgubre caja cruzó el Atlántico hasta Bruselas, y luego tomó rumbo a Bonn (Alemania), donde quedó archivada, durante meses, en un depósito de la embajada argentina.

Para la siguiente etapa, se contó con la colaboración de las autoridades vaticanas. La pesada caja de repuestos salió de Bonn con destino a Roma, convertida en el ataúd que contenía los restos de una ciudadana italiana.

Una semana más tarde, en el lote 86 del Cementerio Musocco de Milán Evita inició un temporal descanso, por los siguientes 14 años, bajo la losa que exhibía el nombre de Maria Maggi de Magistris.

En la cadena de golpes militares que se sucedieron en la Argentina, el general Alejandro Lanusse llegó al poder en marzo de 1971. Decidido a aclimatar un ambiente de concordia entre los argentinos, el cadáver de Evita fue objeto de negociaciones y pactos secretos que culminaron con la decisión de entregar sus restos a Perón, exiliado por entonces en Madrid.

La Operación Retorno estuvo a cargo del mismo coronel Cabanillas ya retirado del servicio, facultado por el nuevo gobierno para recuperar el ataúd. La conspiración diplomática se reactivó. El jueves 2 de septiembre de 1971, nuestro coronel, suplantando a un tal Carlos Maggi, dizque hijo de María, y armado con una orden de exhumación de la municipalidad de Milán, reclamó el féretro.

Ese mismo día, en veloz operación autorizada por los gobiernos de Italia, Francia y España, el cadáver se desplazó en un carro fúnebre desde Milán hasta Madrid, para que los esposos Perón se reencontraran 19 años después de que la muerte los separó.

Evita deberá permanecer durante otros tres años y tres meses arrinconada en la casaquinta 17 de Octubre de Madrid perteneciente a Perón, mientras llega ese ansiado domingo, 17 de noviembre de 1974, cuando de regreso a la Argentina podrá por fin descansar en paz, al lado de sus descamisados .

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