Secciones
Síguenos en:
La cultura de la víctima

La cultura de la víctima

Las madres de la Plaza de Mayo en Argentina realizaron el jueves pasado su última marcha. Tres décadas atrás, el 30 de abril de 1977, llegaron por primera vez a esta plaza en el corazón de Buenos Aires para protestar contra la feroz dictadura militar que asolaba a su país. Desde entonces, puntualmente, cada jueves a las 3 y 30 de la tarde, llevaron a cabo 1.500 marchas silenciosas. (EDICIÓN BOGOTÁ)

Solamente hicieron un alto en el camino en 1978, pues el régimen militar ocupó con feroces perros la Plaza para impedir la molesta presencia de las madres de los desaparecidos durante el mundial de balompié, que se llevó a cabo ese año en Argentina. Las madres se vieron obligadas a desplazarse a los atrios de las iglesias para orar por sus hijos. Sólo en 1980 pudieron volver a la plaza y, desde entonces, nunca la abandonaron.

La imagen de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y sus acompañantes con un pañuelo blanco recorrió el mundo. Para ellas, la pañoleta era no sólo un símbolo del carácter pacífico de sus marchas dolorosas pero llenas de coraje. Reflejaban, también, un pañal blanco. El pañal con el cual habían cubierto a sus hijos al nacer y con el cual hubieran querido cubrir el cuerpo de sus nietos que la dictadura militar les arrebató, tras asesinar a sus hijos.

El impacto de las Madres de la Plaza de Mayo es indeleble. Sin ellas, probablemente, el presidente Raúl Alfonsín no hubiera creado la Comisión de la Verdad. Y el Informe Sábato, ‘Nunca Más’, jamás hubiera conocido la luz.

En Colombia estamos próximos a vivir una revolución cultural similar. La forma normal de solución de los múltiples conflictos armados que hubo en el país, tanto en el siglo XIX como en el siglo XX, fue mediante leyes de amnistía e indulto. Es decir, los protagonistas principales (y únicos) de los procesos de paz y reconciliación eran los ex combatientes, objetos de políticas tendientes a garantizar su desmovilización y reinserción a la sociedad.

Según Mario Aguilera (‘Amnistías e indultos en los siglos XIX y XX, EL TIEMPO, 31 de julio de 2004), estas herramientas de perdón y olvido “han sido instrumentos jurídicos de uso corriente a lo largo de nuestra agitada historia republicana. Sin ser completamente exhaustivos, podríamos señalar que se han expedido 63 indultos y 25 amnistías, desde 1820 hasta la actualidad”.

El mundo sufrió un cambio profundo tras la creación de la Corte Penal Internacional de La Haya. Las amnistías e indultos por crímenes de guerra y de lesa humanidad ya no son posibles. Esta nueva realidad se refleja en la Ley de Justicia y Paz y, ante todo, con la creación de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. En adelante, el protagonista central de los procesos de reconciliación ya no serán los ex combatientes, sino las víctimas.

Desde esta sola perspectiva, estamos ad portas en Colombia de un inmenso cambio cultural. En todo el territorio nacional está emergiendo todo tipo de asociaciones de víctimas, la mayoría de las cuales ya se encuentran vinculadas con la CNRR. En pocas semanas, vamos a tener a miles y miles de víctimas movilizadas exigiendo verdad, justicia y reparación.

Sin duda, esta movilización ciudadana va a producir un impacto hondo en la dinámica del conflicto armado. El costo de matar a un colombiano por razones ideológicas (ya sean estas revolucionarias o contrarrevolucionarias) va a ser altísimo.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.