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Indígenas entregan caso de maltrato a justicia ordinaria

Indígenas entregan caso de maltrato a justicia ordinaria

Los líderes de la comunidad indígena Macarieros aseguraron que la madre de la niña muerta ayer será entregada a la justicia ordinaria para que sea procesada y reciba la pena correspondiente, que podría ser de entre 10 y 40 años de prisión.

La mujer, quien logró escapar de las manos del gobernador de su comunidad y ayer se entregó, llevaba 13 días prófuga, mientras las autoridades aborígenes y de Policía la buscaban en varios resguardos de Tame (Arauca).

“La vamos a entregar a la Policía para que reciba un castigo diferente al de nuestra legislación”, comentó ayer Héctor Uribe, padre de la menor, aún consternado por el fallecimiento de su hija.

Tras librar una férrea lucha de 15 días con la muerte, la niña de 3 años murió en la madrugada de ayer en el hospital San Vicente de Arauca.

Desde el 12 de enero, permanecía en un coma inducido luego de recibir brutales golpes de su progenitora, Marleny Delgado.

De acuerdo con el parte médico, la menor expiró a causa de una disfunción orgánica múltiple, toda vez que tenía afectados los riñones, el corazón y el cerebro, además de presentar un hematoma como secuela de los golpes que recibió.

Según el director del Hospital San Vicente, Facundo Castillo, tras un paro respiratorio le sobrevino la muerte a la menor.

“La niña nunca tuvo una recuperación neurológica. Se le hizo de todo, pero era muy difícil que saliera del trauma cerebral de alta complejidad que había sufrido. Tendría que haber ocurrido un milagro”.

Su padre se había convertido en su ángel guardián, desde que el pasado 12 de enero sorprendió a su cónyuge cuando pretendía deshacerse de su hija moribunda. Se la arrebató y como pudo llegó al hospital San Antonio, de Tame.

Allí la remitieron de inmediato para salvarle la vida, pero los esfuerzos de los médicos en Arauca resultaron infructuosos.

De tez morena y cabello desordenado, la niña lanzó un quejido y movió sus extremidades como dando leves signos de recuperación o queriendo llamar a su progenitora. Los médicos aún abrigaban la esperanza de que se salvara.

Pero fue justamente su padre, de 24 años, el encargado de recibir la triste noticia en la madrugada de ayer. Los despojos mortales fueron llevados ayer mismo por su padre hasta el resguardo indígena, donde será sepultada hoy.

“Yo le pedí mucho al dios de mi comunidad para que me ayudara y mi hija sanara, pero con los golpes que le dio su mamá era muy difícil”, señaló el nativo, mientras lloraba la temprana partida de su pequeña.

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