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Se están llevando el queso

Se están llevando el queso

La nueva crisis de la Comunidad Andina es inédita y requiere un cuidadoso manejo y atención inmediata para evitar la disolución del proceso. Es necesario prever los desenlaces y vigilar los impactos, particularmente en la relación con Venezuela.

La integración andina no es excluyente y admite iniciativas como el TLC con E.U. o la Comunidad Suramericana. De hecho, los cinco países andinos tomaron sus previsiones desde julio de 2004 cuando actualizaron las reglas del juego para las negociaciones no comunitarias. La Decisión 598 establece cómo proceder en el curso de las negociaciones, qué normas aplicar entre los andinos, y refuerza la extensión de los beneficios otorgados a terceros.

Sin duda, la firma del TLC tendrá repercusiones en la comunidad y será necesario hacer ajustes, tanto si se presentan interferencias normativas -que no serán muchas según los análisis de la misma Secretaría General-, como ante eventuales inequidades en las condiciones de acceso. Eso tiene soluciones técnicas, si existe la voluntad política de hacerlo. La coexistencia de compromisos es perfectamente posible.

A diferencia de otras crisis, en esta ocasión la Comunidad Andina está siendo víctima de factores ajenos al proceso. De un lado tenemos el pulso que están dando E.U. y Mercosur en las negociaciones comerciales, forcejeo en el que aparecen posiciones ideológicas, intereses políticos y ánimos de protagonismo. Con el TLC, E.U. asegura la franja del pacífico suramericano para sus disciplinas comerciales y, en ese juego, el presidente Hugo Chávez movió sus fichas al anunciar la decidida vinculación de Venezuela a Mercosur. Los movimientos dejan en jaque al proceso andino, limitándolo a múltiples actividades de cooperación que perderán su importancia si no se cuenta con las identidades políticas y comerciales básicas.

La evasión recurrente de compromisos sustantivos para fortalecer la unión aduanera andina oscurece aún más el panorama. Para completar, Colombia -el principal ganador en el mercado andino- tampoco ayuda, como se deduce de la soberbia declaración del Ministro de Agricultura en el debate televisado sobre el TLC el pasado 12 de noviembre. El Ministro puso como ejemplos de defensa del sector la suspensión de importaciones de arroz de los países andinos y el perfeccionamiento de requisitos de desempeño en otros productos.

Aparte la anécdota, nada irrelevante por tocar compromisos comerciales vigentes, lo de fondo aquí es la necesidad de salvar e impulsar el proceso andino. No solo se trata de un mandato constitucional, sino que tiene una gran importancia económica, pero además la trasciende significativamente. En ese marco, es preciso planificar cuidadosamente la relación con Venezuela, independientemente de la imagen que se tenga de su presidente o de las orientaciones de su gobierno.

El enroque de Venezuela camino al Mercosur seguramente estará en los análisis y estrategias tanto de la Cancillería como del Ministerio de Comercio y del Consejo Gremial. También es recomendable que los candidatos presidenciales barajen hipótesis de una relación con Venezuela en presencia del TLC y sin Comunidad Andina, o con ésta fortalecida más TLC -o Alca-, o, por ejemplo, sin el pan y sin el queso.

-Columna de la Fundación Buen Gobierno

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