INEXEQUIBLE, SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

INEXEQUIBLE, SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

La Corte Constitucional declaró ayer la inexequibilidad de la norma a través de la cual se consagró Colombia al Sagrado Corazón de Jesús. Una tradición católica de 92 años de existencia en el país. La corporación precisó que la consagración oficial al Sagrado Corazón va en contra de la libertad de cultos y la igualdad, fijadas en la Constitución.

05 de agosto 1994 , 12:00 a.m.

Al acoger un concepto del Procurador General, la Corte dijo que el Estado no puede establecer preferencia alguna en asuntos religiosos, y el Presidente de la República no puede ser obligado a hacer manifestaciones públicas en favor o en contra de alguna confesión religiosa.

Colombia ya no es oficialmente el país del Sagrado Corazón de Jesús.

Las normas a través de las cuales se consagró al país a su devoción llegaron ayer a su hora final.

La Corte Constitucional dejó sin sustento jurídico las disposiciones que ratificaron su devoción formal en el territorio, 42 años atrás.

El argumento central: Colombia no puede ser consagrada de modo oficial al Sagrado Corazón, por cuanto con ello se viola la libertad de cultos y la igualdad, fijadas en la Constitución de 1991.

La Corte dijo ayer que el Estado no puede establecer preferencia alguna en asuntos religiosos.

Tampoco, a juicio de la corporación, el Presidente de la República puede ser obligado a hacer manifestaciones públicas en favor o en contra de alguna confesión religiosa.

En una decisión adoptada por seis votos a favor y tres en contra, la Corte dijo que el Jefe del Estado puede acudir a ceremonias y expresar privadamente su fe, pero como persona y no con carácter oficial.

A juicio del bloque mayoritario de juristas, la Carta de 1991 consagró la libertad de cultos y, por esa razón, el país no puede ser ofrecido legalmente a una sola consagración religiosa.

En su opinión, los preceptos constitucionales establecen que todas las congregaciones religiosas gozan de la garantía de que su fe tiene igual valor ante el Estado, sin importar sus orígenes, tradiciones ni contenidos.

La consagración del país en materia religiosa, dijo la Corte, puede hacerse por iniciativa de los cultos religiosos en sus propias ceremonias, pero sin comprometer al Estado ni al Gobierno. El pronunciamiento lo hizo la corporación al declarar la inexequibilidad del artículo 2 de la Ley 1o. de 1952, a través de la cual se ratificó la consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

Los magistrados que apoyaron la inexequibilidad fueron Jorge Arango Mejía, Alejandro Martínez Caballero, Eduardo Cifuentes Muñoz, Carlos Gaviria Díaz, Fabio Morón Díaz y Antonio Barrera Carbonell.

La norma de 1952, declarada inconstitucional, establecía que cada año se renovará la consagración oficial de la República en análoga forma y en el día en que se celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la que será nacional a partir del año venidero y se denominará de Acción de Gracias .

La determinación fue cuestionada severamente por voceros eclesiásticos.

Los juristas que se apartaron de la determinación fueron José Gregorio Hernández Galindo -cuya ponencia de exequibilidad fue derrotada-, Hernando Herrera Vergara y Vladimiro Naranjo Mesa.

En su salvamento de voto, los tres juristas indicaron que la consagración de Colombia al Sagrado Corazón no configuraba ofensa alguna al ordenamiento constitucional, pues no comportaba desconocimiento de la libertad religiosa: a nadie se obligaba a modificar sus concepciones en esa materia ni a cambiar la fe que profesa por la del catolicismo .

Consideraron, a la vez, que con dicha consagración se recogía simplemente una tradición cultural y espiritual, firmemente arraigada en el país y se proclamaba de manera concreta, sin excluir otras, una forma de invocar la protección de Dios, plasmada en el preámbulo de la Constitución.

Consideramos que al reconocer los hechos innegables de la tradición católica y de la profesión de dicha fe por la inmensa mayoría de los colombianos, no se desconocía ni disminuía el principio constitucional de la libertad de cultos .

Ignorar esa tradición, dijeron Hernández, Herrera y Naranjo, constituye una conducta miope frente a una realidad vigente e incontrastable, e implica vulnerar los derechos que tiene esa mayoría a creer y a participar en la religión de la cual está íntimamente convencida .

En la práctica, explicó un magistrado a EL TIEMPO, la Iglesia puede seguir con la celebración religiosa del Sagrado Corazón de Jesús, sólo que ahora esta consagración ya no tendrá carácter oficial .

Además, dijo la Corte, la fiesta del Sagrado Corazón seguirá siendo día de descanso obligatorio, pues una norma que así lo dispuso ya había sido declarada exequible por la corporación .

La decisión la adoptó la corporación al acoger una demanda presentada por Carlos Alberto Jauregui y Jorge Iván Cuervo Restrepo.

El análisis constitucional de la Corte se hizo sobre un concepto remitido por el procurador, Carlos Gustavo Arrieta, a través del cual pedía también dejar sin sustento jurídico las normas que amparan la consagración de Colombia al Sagrado Corazón.

Fallo con inconsistencias Monseñor Pedro Rubiano, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia se mostró en desacuerdo con el fallo de la Corte y dijo que presentaba inconsistencias.

En especial, explicó, se ha analizado a medias el artículo 19 de la Constitución que garantiza libertad de cultos y dice que todas las confesiones religiosas son igualmente libres ante la ley.

No comparto el fallo. De todas maneras, con ley o sin ley de consagración, Colombia sigue siendo un país de mayoría católica, todos somos bautizados y seguimos consagrados al Sagrado Corazón y continuaremos con nuestra renovación, ahora más que nunca. Ya no tendremos al Presidente de la República, que representaba a todo un país creyente, pero seguiremos adelante , Otra de las contradicciones, dice el prelado, es que la Corte mantiene el día festivo lo que obliga al descanso a todos, creyentes o no.

Para monseñor José de Jesús Pimiento, arzobispo de Manizales, esta decisión le hace un gran daño al país, no a la Iglesia Católica.

Colombia pierde su identidad moral, religiosa y social porque el Estado y sus integrantes no reconocen la realidad nacional. Esperaba este fallo por lo que viene sucediendo en el país , dijo el prelado.

Agregó que se le hace daño a un país que no encuentra sus valores sociales y morales. Con esto le quitan lo que le sirve y le permita alcanzar esos valores. Por pretender aplicar mucho el derecho terminan por destruir el derecho .

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