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El muro

El muro

Como mexicano, me ofende que desde Washington D.C. quieran construir un muro en la frontera entre México y Estados Unidos para impedir que mis compatriotas vengan a trabajar acá. También me avergüenza aceptar que México es culpable, por lo menos parcialmente, de que acá quiera construirse un muro. (EDICIÓN BOGOTÁ)

La incapacidad de los mexicanos para entender los términos del debate actual sobre inmigración en los Estados Unidos ha debilitado su capacidad negociadora y no me refiero sólo a la administración del presidente Vicente Fox, pues en México, la inmigración ilegal es también un tema controvertido y su capacidad de maniobra es mínima. Para el PRI, la enérgica protesta de Fox contra el proyecto de ley aprobado en la Cámara de Representantes que propone la erección de una muralla de 700 millas fue “timorata”. El candidato presidencial del partido de izquierda fue más lejos diciendo que Fox carecía de estatura moral para enfrentarse a Estados Unidos.

Es lamentable que, a pesar de que la inmigración de mexicanos a Estados Unidos ha sido constante por más de un siglo, los mexicanos sean incapaces de articular una política nacional migratoria coherente y realista que admita que la inmigración ilegal está mal y no debe ser condonada ni promovida.

Por otro lado, nada excusa a la administración de Fox por no publicitar adecuadamente el éxito de los programas de cooperación con las autoridades estadounidenses en la frontera entre ambos países.

Por ejemplo, los intercambios de inteligencia e información que han impedido que por la enorme frontera de 2.000 millas de largo se cuelen terroristas.

Desde el 11 de septiembre del 2001 no ha habido una sola amenaza de terrorismo en esa frontera, donde a diario hay casi un millón de cruces y se mueven mercancías por un valor de 650 millones de dólares.

En tanto que ciudadano americano, quiero creer que cuando se reanude el debate sobre inmigración el mes próximo, el Senado repudiará la construcción del muro y rechazará la mayoría de las disposiciones propuestas por la Cámara Baja. Me aterra pensar que se me podría acusar de ser contrabandista de personas por conducir en mi auto a la nana o al jardinero sin cuestionar su situación migratoria en el país.

Otra disposición del proyecto de ley posibilitaría la encarcelación de los 11 o 14 millones de personas al convertir la “presencia ilegal” en una felonía agravada en vez de una violación civil.

México debe reestablecer el control del Estado en su propia frontera y terminar sus reformas económicas para lograr un crecimiento sostenido que cree suficientes trabajos para mantener a gente en su país. Debe comprometerse a impedir que sus ciudadanos salgan del país sin documentos legales aun cuando para ello deba modificar leyes y normas.

No hace mucho tiempo, la mayoría de los niños americanos sabían de memoria un poema de Robert Frost que cuestionaba la noción tradicional de que una buena cerca hace buenos vecinos.

Antes de construir un muro me gustaría saber Lo que dejo dentro y lo que dejo fuera Y a quién podría ofender Algo hace que no se ame a un muro, Que quiera derribarlo.

Humillar no alienta ni la cooperación ni el entendimiento entre amigos que lidian con asuntos tan complejos como el de la inmigración. El muro, si llegara a construirse, sería una humillación innecesaria para los mexicanos.

También debería ser humillante para los estadounidenses

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