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Sobrevivieron a caída de 1.800 metros

Sobrevivieron a caída de 1.800 metros

Un estruendo seco avisó a los cuatro tripulantes del helicóptero PNC 0713 que estaban a punto de caer en picada desde una altura de 1.800 metros. Tras el ruido, la aeronave de la Policía–un Huey II– giró abruptamente 90 grados hacia la derecha, como si la jalara una fuerza sobrenatural. (VER GRÁFICO: RESULTADOS DE LOS PERCANCES AÉREOS EN EL 2005)

“Tomamos los controles firmemente y bajamos las revoluciones del rotor principal, para evitar giros interminables”, recuerda el capitán Rodrigo Soler Vargas, comandante de la nave.

El diagnóstico de los tripulantes fue preciso: el mecanismo del rotor de cola se partió y las aspas se paralizaron. En otras palabras, estaban atrapados en un pesado aparato que ya no servía para volar.

Aunque ahora cuentan ese episodio en una hora, todo duró tres minutos. En la historia de la aviación de las Fuerzas Militares solo se han presentado otros dos casos similiares.

Mientras el helicóptero sufrió pérdida total, los cuatro tripulantes solo presentaron unos cuantos golpes y al día siguiente estaban otra vez listos para entrar en servicio.

El hecho, registrado el pasado 15 de diciembre, hace parte de los 123 incidentes registrados por aeronaves de la Policía en el 2005, de los cuales 98 fueron producto del impacto de balas durante labores de fumigación de cultivos ilícitos y tareas de interdiccción de aeronaves del narcotráfico.

Casi tres horas antes de su desplome a tierra, el PNC 0713 había partido desde la base de Guaymaral, en Bogotá. Salió a eso de las 11 de la mañana junto con tres Black Hawk rumbo a San José del Guaviare, para tomar parte de una operación antinarcóticos.

“A la hora del accidente íbamos solos, pues hicimos escala en Villavicencio para cargar combustible”, cuenta el subteniente Giovanny Achury.

Rezos en el aire Alrededor de la 1:30 p.m., cuando sobrevolaban Puerto Lleras (Meta), se escuchó el estruendo. Después de la primera maniobra de emergencia, vinieron los padrenuestros y las avemarías. Achury recuerda: “Mi capitán rezó por todos nosotros. A mí se me vino a la cabeza un Padrenuestro”.

Carlos Beltrán –el técnico del Huey II–, visualizó a sus tres hijos y se persignó.

Soler avisó a la torre de Villavicencio que estaban cayendo. Mientras miraban al piso, una voz en el radio, que no saben de qué aeronave provino, le dijo a Soler: “Tranquilo comandante,usted puede”.

A unos 12 metros del impacto en un potrero, trataron de poner el helicóptero con la nariz hacia arriba. “Dimos dos vueltas y nos estrellamos del lado derecho –relata Soler–. Nos palpamos y salimos, pero el agente Beltrán quedó atrapado”.

El técnico estaba atorado entre 6 mil proyectiles 7,62, un lanzagranadas MGL y 12 granadas de 40 milímetros. Además,la nave, con 1.400 libras de combustible (unos 209 galones), comenzó a incendiarse.

Achury y el artillero, el patrullero Lenys Zapata, corrieron a auxiliarlo y después de unos segundos lograron sacarlo. Hora y media después llegaron por ellos. El grupo de rescate no podía ocultar la sorpresa. Estaban vivos de milagro.

182 Son los disparos de diferente calibre que recibieron en el 2005 los helicópteros y aviones de la Policía Antinarcóticos.

jordur@eltiempo.com.co

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