NI HOMMES NI SAMPER

NI HOMMES NI SAMPER

En los distintos medios de comunicación nos percatamos, en días pasados, de la pelea entre los ministros Hommes y Samper, sobre si la apertura económica ha debido ser gradual o no y aparentemente este litigio se resolvió a favor del ministro Hommes. Sin embargo, hay que decir que la sola visión arancelaria del manejo de la apertura es inexacta, en virtud de que la gradualidad está en la implementación de políticas previas a la misma que a veces se confunden con esta.

11 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Precediendo a la apertura de la economía, es menester que esta se privatice, reduciendo el tamaño del Estado y dejando muchas de las actividades industriales de este a los particulares. Una vez privatizada la economía se precisa una política de modernización y reconversión industrial, necesaria para adaptar las empresas que actuaron en un escenario de protección y monopolio, a los cánones que exigen los mercados internacionales y la libre competencia.

Una vez asegurados estos pasos, se podrá internacionalizar la economía en donde es vital el manejo cambiario, pudiéndose implementar una estrategia de liberación cambiaria y de tasas de interés. Y por último, se procede a la apertura económica, desgravando totalmente el universo arancelario.

Es también desalentadora la falta de imaginación de las autoridades monetarias para el manejo inflacionario y pareciera que solo se utiliza el manual dejado desde 1923 por la misión Kemmerer cuando creó el Banco Central. A medios de pago altos: subir encajes, altas tasas de interés de papeles del Emisor y depósitos previos de importación. Nada más contrario y contraproducente que estas medidas en una economía que quiere abrirse y sostener su crecimiento en buena parte con las exportaciones, si además le sumamos la revaluación del peso.

El incremento en los medios de pago, con la consabida presión inflacionaria fue causado por la política del ministro Hommes de traer o repatriar capitales y lo logró mediante una amnistía cambiaria y con altas tasas de interés de los papeles del Estado. El sector productivo no se preocupó, en virtud de que se dijo que estos capitales irían a financiar la apertura. Sin embargo, los capitales llegaron y el gobierno no sabe qué hacer con ellos. Se le acabó la imaginación y no tuvo más remedio que convertirlos en pesos, de tal forma que nos quedamos con inflación y recesión.

El gobierno ha debido permitir, desde el ingreso de estos capitales, cuentas de los particulares en dólares, con tasas de interés uno o dos puntos por encima del prime y emitir bonos de deuda pública en dólares. De igual manera que las empresas emitan bonos en dólares para que estos capitales no se moneticen y por el contrario financien las necesidades de materia prima y de bienes de capital, tan urgentes en un esquema aperturista.

En muchos círculos se piensa que el gobierno no ha actuado así porque sería oficializar el lavado de dólares. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la economía funciona así, independientemente de donde provengan los dólares, y que de pronto más que medidas económicas a bandazos hacen falta negociaciones de política económica con la Casa Blanca.

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