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‘Mi religión es la imaginación’

‘Mi religión es la imaginación’

La cara relajada. La boca inmóvil. Los labios secos. Pero los ojos activos. Y las hormonas alerta, buscando la carne de las piernas bronceadas y los pechos desafiantes que tiene enfrente, al lado, en cualquier lugar al que llega el Don Juan, entrado en años, Don Johnston (no Johnson, Johnston, con S).

La discreción, el silencio y una atmósfera hábilmente manejada gritan lo que Johnston quiere ex-presar. No son necesarias las palabras ni lo serían las flores lastimeras que siempre lleva en la mano, para expresar su soledad y desconcierto, porque, 20 años después, se entera de que tiene un hijo, concebido con algún amor del pasado ¿Pero cuál de todos? Flores rotas, la nueva película de Jim Jarmusch, es una road movie (película de carretera) contada en cámara lenta o una “casi muda hábil película de detectives”, como afirma Bill Murray, que perso-nifica a Johnston con la misma maestría y sobriedad con la que le dio vida a Bob Harris en Perdidos en Tokio.

La mezcla es perfecta: la simpleza efectiva de Jarmusch + el minimalismo expresivo ya patentado por Murray = la Palma de Oro en el pasado Festival de Cine de Cannes. De Jarmusch, venerado director independiente, han dicho que se ‘vendió’ haciendo esta ‘película comercial’, porque las suyas siempre han sido dardos perfectos para criticar a la sociedad estadounidense, como Permanent Vacation (1981), Extraños en el paraíso (1984), Noche en la Tierra (1992) o Perro Fantasma, el camino del samurai (1999).

“Mis filmes siempre han tratado de decir que América es una especie de mentira”, explica Jar-musch, de 52 años. Antes que cine, estudió periodismo y literatura. Pero cuando vivió un año en París y se encontró con la obra de Rivette y Bresson, le cambió de rumbo a su vida.

Las similitudes entre Johnston y el personaje de Bill Murray en 'Perdidos en Tokio' son muchas. ¿Tuvo que ver algo el éxito de esa película en la suya? Bill y yo habíamos trabajado en una historia, antes de que pasara lo de Perdidos en Tokio. Se llamaba Tres lunas en el cielo. No obstante, cuando fui a Cannes, hace tres años, para buscar la financiación de la producción, me di cuenta de que el guión necesitaba mucho trabajo. Así que paramos el pro-yecto y le sugerí a Bill que lo intentáramos con otro guión que ya tenía más adelantado, el de Flores rotas. A él la idea le encantó.

¿De dónde surge el argumento de esta película? Era un tema que venían trabajando, desde hace algunos años, Sara Driver y Bill Raden, quienes escribieron el guión. Me dijeron: tenemos la imagen de un viejo Don Juan que recibe la carta de una antigua novia en la que le dice que tuvo un hijo suyo. La idea me gustó y la tuve en la cabeza durante varios años, hasta que al fin la materialicé. Esta es la historia de alguien que busca algo dentro de sí mismo. Alguien que se crea grandes dudas y busca las respuestas que solo él puede encontrar.

¿Qué es más importante en su película, la comedia o la melancolía? Las dos. La historia es potencialmente triste, pero no quería hacer una película que no tuviera algo de diversión. Es algo natural en mí. Como dijo Oscar Wilde: ‘La vida es demasiado importante como para tomársela en serio’.

Dicen que esta es su película más comercial ¿qué opina al respecto? La verdad, no me importa. Yo no hago películas pensando en que sean exitosas económicamente. Si va mucha más gente a verlas, perfecto. Si me pusiera a pensar en hacer dinero con ellas, seguro que trabajaría más seguido con Hollywood. Lo único que quiero es filmar historias en las que crea o me sienta interesado. Mi religión es la imaginación. Lo que realmente me importa es seguir aprendiendo. Tengo 20 años en esto y todavía estoy aprendiendo.

Julie Delpy, Sharon Stone, Jessica Lange… ¿por qué trabajó con tantas actrices famosas a la vez? Son maravillosas. En el caso de Sharon Stone, escribí el personaje pensando en ella. De otro lado, en verdad no fue una cosa tan calculada el vincular semejantes figuras a mi película. Simplemente las admiro y quería alguna vez trabajar con ellas, como cuando lo hice con Robert Mitchum, Johnny Depp o Forrest Whitaker.

La banda sonora tiene una presencia muy fuerte en ‘Flores rotas’… No quería del todo una música incidental para esta película, ese algo donde una melodía te dice qué sentir. Prefería música original. Canciones apropiadas para ciertas escenas. La canción princi-pal es de una banda de amigos, The Greenhorns. Para mí, la música es la más bella forma de expre-sión. Sin ella, no sabría para qué estar vivo.

¿Cómo logró que participara el hijo de Bill Murray? Conozco a Bill desde hace seis años y desde entonces conozco a sus seis hijos. Si te metes con Bill, tienes que meterte con sus hijos. Homero (el que aparece en el filme) es una persona maravillosa. No es extrovertido, como Bill, sino tímido, pero muy dulce y generoso. La clave estaba en que sus ojos tienen la misma mirada de su papá, relajada pero inquietante.

Más de veinte años en el negocio 1980, ‘Vacaciones permanentes’ 1984, ‘Extraños en el paraíso’, que primero fue cortometraje 1986, ‘Bajo el peso de la ley’ 1989, ‘Mistery train’ 1991, ‘Noche en la tierra’ 1995, ‘Dead man’, con Johnny Depp y Robert Mitchum 1997, ‘El año del caballo’, documental 1999, ‘Perro Fantasma, el camino del samurai’ 2003 ‘Coffee and cigarettes’ 2005 ‘Flores rotas’ LAS FLORES DE LA CRÍTICA CHICAGO TRIBUNE Michael Wilmington “Jarmusch es un crítico brillante de la cultura americana y su sociedad”.

ENTERTAINMENT WEEKLY Lisa Schwarzbaum “Es una película de un encanto y una dulzura fuera de lo común”.

CHICAGO SUN TIMES Roger Ebert “Ningún actor como Bill haciendo ‘nada’ y siendo fascinante con ese ‘nada”.

WASHINGTON POST Desson Thomson “Haga este viaje y tendrá una jornada muy divertida y emotiva”.

ROLLING STONE Peter Travers “La mezcla de humor y tristeza logra sacar lo mejor de Murray”.

NEW YORK TIMES A.O. Scott “Con ‘Flores rotas’, la nueva y emotiva película de Jim Jarmusch, Bill Murray reafirma su estatus como el más sosegado actor cómico de nuestros días”.

TORONTO STAR Peter Howell “Esos ojos de sabueso y la fatigada sonrisa revelan un hombre que comprende el valor de lo incomprensible”

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