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Los pasos de Hwang en el país

Los pasos de Hwang en el país

(EDICIÓN BOGOTÁ) Con cuatro escoltas, el científico coreano Woo-Suk Hwang, considerado entonces el padre de la clonación mundial y con título de embajador de la ciencia de su país, aterrizó el 25 de agosto del año pasado en Bogotá, en medio de una gran expectativa de los hombre de ciencia del país y de medidas secretas de seguridad.

La entonces proeza de la visita del veterinario coreano, que había publicado sus investigaciones sobre la obtención de células madre a partir de embriones humanos clonados en la revista Science; que era la esperanza para curar el cáncer y la diabetes, entre otras enfermedades, y que acaba de mostrar al mundo a ‘Snuppy’, un perro clonado, la había logrado la Fundación Santa Fe de Bogotá.

“En ese momento era una eminencia”, recuerda Gustavo Quintero, doctor de la Fundación, que lo contactó en mayo a través de un correo electrónico y lo invitó al simposio ‘Clonación, células madre y antienvejecimiento’, que se realizaría el 26 de agosto. “Desde un principio aceptó venir”.

Luego de comunicaciones entre los dos gobiernos, sobre temas de su seguridad, se confirmó su visita. “Lo único que nos pareció raro en ese entonces fue que nos dijo que no nos cobraba nada. Nos pareció loable”, recuerda Quintero.

Pese a que en el simposio participaban importantes científicos de Estados Unidos, el coreano era el centro de atención. Colombia era el segundo país de Suramérica que tendría el privilegio de su visita. EL TIEMPO publicó una entrevista exclusiva con él concedida desde Seúl; una emisora regaló boletas, que costaban 350 mil pesos, para el simposio; mientras que varios médicos colombianos hicieron lobby para hablar unos minutos con él a solas y otros para obtener una boleta gratis. La fiebre llegó al exterior.

Científicos de Chile, Brasil, México y hasta un grupo de 25 investigadores de la Universidad de Pittsburgh (E.U.) se inscribieron. Todos querían estar al lado del futuro premio Nobel de medicina.

En medio de esa expectativa, Hwang llegó a las 9:30 de la noche a Bogotá, tras volar 25 horas desde Seúl. Entró por la puerta de los diplomáticos y fue recibido con honores por el embajador de su país, Park Sang Kyoon, quien partió con él en carros diplomáticos al hotel Radisson, donde dio una entrevista exclusiva para Darcy Queen y luego durmió con su esposa en una suit ejecutiva.

Entre fotos y aplausos Al día siguiente, con los demás científico, Hwang llegó en una buseta escoltada al auditorio de la Cámara de Comercio de Bogotá, en el occidente, donde lo esperaban 1.175 personas, el 70 por ciento invitados especiales, entre los que se econtraban el genetista Emilio Yunis, el Ministro de la Protección Social, Diego Palacio; el ex vicepresidente de la República Humberto de la Calle Lombana, abogados y senadores.

Frente a ese calificado público, Hwang empezó a hablar en mal inglés.

“Mostró lo que estaba haciendo desde el punto de vista del método para hacer transferencia nuclear de células madres a embrionarias”, recuerda el doctor Quintero.

El ginecólogo Jorge Ramírez, experto en fertilización in vitro, recuerda que el coreano mostró los dibujos de las cuestionadas células madre y que su presentación fue hasta con ilustraciones infantiles. “Todos le creímos su cuento, si le echó un ‘cañazo’ a Science podía tramar a todo un país”.

Como en ciendo de recintos del mundo, Hwang terminó su charla en medio de aplausos y luego dijo para los medios una frase que conmovió: “Sacrifiqué 4 días de mi agenda para honrar la sangre que jóvenes colombianos derramaron en la guerra en 1950 por la libertad de mi pueblo. Es mi deber y el de mi gente compartir estas técnicas con ustedes”.

Antes de salir del salón decenas de médicos hicieron fila para tomarse una foto con él. Ramírez admite que se coló entre varios y fue uno de ellos. De la Calle conversó con él. Tras entrevistas y fotos, Hawng fue sacado por el cuerpo diplomático de Corea y llevado a un almuerzo privado. Asistió a reuniones con empresarios coreanos, recibió homenajes en su embajada y casi a la medianoche voló a Nueva York.

Pero ese memorable día para la medicina del país quedó desdibujado a comienzos de este año, cuando se comprobó el fraude del coreano, que no solo usó óvulos de sus colaboradoras sino que no logró producirlas 11 líneas de células provenientes de la clonación que decía tener. La noticia conmovió a Corea, al mundo científico, a los medios y cayó como un balde de agua fría en las personas que lo conocieron en su visita.

El Ministro Palacio, que recuerda que solo le dio la mano, dice que es lamentabe una falla ética de este tipo.

“Estoy muy conmovido al saber que mintió en todo menos en lo del perro. Era un hombre aterrizado, se veía buena gente, como toda la gente que es así.

Logró engrupir a todo el mundo, incluyéndonos a nosotros -dice Quintero- . Es como si usted trae a Pavarotti y después asalta un banco. Menos mal no le pagamos un peso”.

Desde entonces, muchos no saben qué hacer con los recuerdos de Hwang, que ahora pide perdón al mundo. De la Calle se quedó con un correo que le envió después de la visita: “Algunas fallas y el sufrimiento son parte de la investigación, pero daremos lo mejor para sobrepasar estos retos por el amor que le tenemos a la vida humana que nosotros la consideramos preciosa.

Cordialmente, Woo-Suk Hwang”.

Otros no quieren saber ya de sus fotos. El doctor Ramírez comenta con una sonrisa que apenas se supo la noticia, su hijo, que le había velado el rollo en el que estaba su foto con Hwang, le dijo: “Si ve papá, lo que le hice fue un favor”.

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