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El invitado

El invitado

(EDICIÓN BOGOTÁ) (EDITORIAL DIARIO) (PÁGINA 1-14

El jueves 12 de enero, el Ministerio de Relaciones Exteriores le dio la ciudadanía colombiana al antropólogo y lingüista Jon Landaburu. No es un político, una figura del deporte o del espectáculo y raras veces aparece en los medios de comunicación, por lo que puede sorprender este comentario.

Pero lo que ha hecho por el país tiene significado especial y vale la pena recordarlo.

Landaburu vino a Colombia hace casi 40 años y, desde entonces, se dedicó a estudiar las culturas indígenas, siguiendo el ejemplo de investigadores como Carlos Patiño Roselli y Gerardo Reichel Dolmatoff. En 1983 creó en la Universidad de los Andes el primer programa académico para preparar investigadores de las lenguas aborígenes. El estudio serio de las sociedades indígenas actuales tuvo que ver con el ambiente que permitió, en 1991, que la Constitución reconociera expresamente los derechos de estos grupos y el valor igual de las diversas culturas de Colombia. Se abandonaba así, en el plano legal, una visión social en la que lo blanco y lo español definían la presunta identidad cultural y ocultaban los demás componentes de la nación.

Landaburu dirigió, apenas se aprobó la Constitución, el proyecto de traducir a las principales lenguas indígenas los capítulos relativos a los derechos fundamentales y a los derechos de los indígenas. Fue un trabajo hecho con las comunidades y con los lingüistas indígenas que se habían formado bajo su orientación, para inventar un lenguaje nuevo, un idioma de reconocimiento cultural y político mutuo. En estos textos, con frecuencia poéticos, la ley es “la palabra escrita para ser cumplida”, la constitución y la ley son “las hojas sabias y el hijo de las hojas sabias”, y la cultura es “lo que somos, fuimos y siempre seremos”. El ciudadano por adopción, como Landaburu, es “el invitado a estar acá”.

Landaburu, francés de nacimiento, hijo de vascos, con esposa e hijas colombianas, por afecto y conocimiento es wayuu, arhuaco, paez, guambiano, camentsa, inga y cubeo, para mencionar las lenguas a las que se tradujo la Constitución. En el mosaico cultural rico y contradictorio de la Colombia de hoy, Landaburu es un colombiano ejemplar.

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