CONSEJO PROFESIONAL AL VOLEIBOL HAY QUE VENDERLO

CONSEJO PROFESIONAL AL VOLEIBOL HAY QUE VENDERLO

El viernes pasado, a las once de la mañana, el Nacional de Voleibol se jugaba en el subterráneo del anonimato. En la cancha de El Salitre, la Selección de Antioquia cumplía su última práctica antes de salir por la noche a disputar el título ante las bogotanas. Las paisas no podían decirlo, pero sentían que iban a ganar. Bajo las órdenes de su técnico, Michel Taverniers, repasaban entre risas, chistes y vestimentas multicolores, una vez más, su larga rutina de preparación. En una esquina de la cancha, con los ojos puestos sobre la pelota, Silvia Jaramillo iniciaba su cuota diaria de servicios y saltos. Parecía otra persona. La seriedad y los nervios de las noches de partido se habían disipado. Ahora se mostraba alegre y sonriente. De vez en cuando gastaba bromas, como para distensionar el ambiente, luego se reía de sí misma y volvía a intentar otra maniobra de bloqueo imaginario contra la malla.

29 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Para Antioquia, ganar la final del XXX Nacional de Voleibol ante Bogotá era una cuestión de orgullo, como lo repetía Silvia Jaramillo a cada instante. Por eso, estaban preparadas para los excesos y las seguras silbatinas que les depararía la tribuna horas más tarde. Sus palabras paisas, pausadas y seguras, eran un presagio de lo que ocurriría sobre las nueve de la noche.

Nosotras vinimos a ganar este campeonato, a pesar de que han querido relegarnos a un segundo lugar. Hoy tenemos esa posibilidad porque nos hemos entrenado, conscientes de nuestra responsabilidad, y queremos volver a llevarle a nuestra gente otro título de voleibol. Hace rato no ganamos, es hora de terminar con esta racha .

Diez horas después se le veía radiante. Entregaba declaraciones para la televisión, firmaba autógrafos, respondía cualquier cantidad de interrogantes. Antioquia había vencido a Bogotá 3 por 2 en el juego más espectacular del torneo. Y ella, Silvia Jaramillo, había sido declarada la mejor jugadora del certamen. Un premio merecido para esa pieza número 9 por la cual todos averiguaron, para esa muchacha sencilla que hoy, despojada de su uniforme, ocupa su puesto de representante de ventas en Medellín.

Regreso de nuevo a mi vida normal. Yo trabajo en una empresa de confecciones llamada Río Punto, en Medellín. Llego a las siete y media de la mañana y termino a las seis de la tarde. Luego comienzo a entrenar. A eso de las nueve me marcho a casa, a menos que haya un campeonato muy cerca; entonces, extiendo el horario hasta las diez o algo así .

Apenas le queda tiempo para los amigos o para ir a un cine. De vez en cuando voy a alguna reunión, entonces canto lo que conozco de Julio Jaramillo y bailo. Pero no es muy frecuente, generalmente llego a casa extenuada y escucho música romántica mientras leo algún libro sobre mi carrera, administración de empresas, o sobre temas de superación personal. Y al día siguiente, lo mismo, hasta que llega uno de los pocos campeonatos que hay en Colombia .

Sus críticas aparecen disimuladas por la suavidad en el tono de su voz. No obstante, le molesta la manera en que se maneja el voleibol en Colombia. Yo no entiendo por qué las ligas no buscan patrocinios con la empresa privada, tampoco sé hacia dónde se va el dinero de la Federación. El nivel femenino del voleibol se ha estancado, pero eso es porque no hay viajes, porque no tenemos roce, y es muy difícil aprender así. Los directivos deberían pensar que este deporte vende. Si ellos van donde los empresarios, como lo hace la gente del fútbol y el ciclismo, seguramente van a conseguir patrocinadores como ocurrió con el baloncesto. Me parece que hay desidia .

Silvia Inés Jaramillo Calle nació el 5 de julio de 1965 en la capital antioqueña. A los diez años comenzó a jugar voleibol, motivada por el entrenador del colegio San José de las Vegas. Nunca más dejó el deporte, al que considera su único vicio. Cuando no es voleibol es gimnasia rítmica o ciclismo, pero siempre hay algún ejercicio en su vida.

El deporte puede salvar al país de este mal momento. Ojalá hubiera campañas masivas en todas partes para que la juventud lo practicara y lo volviera su único vicio. No sé, hablar de esta situación me deja triste, es que yo creo que todos tenemos un poco de culpa. Los que sacan el dinero del país, los que se aprovechan de sus trabajadores, los que nos quedamos impávidos ante los acontecimientos .

Su mirada se transformó, reflejaba el dolor de las frases anteriores. Tomó su maletín, se miró en un espejo pequeño y se levantó. La esperaban sus compañeras para marchar al hotel. Allí volvieron a pasar veloces por su mente los instantes dramáticos de la final, como aquellas escenas de las viejas películas mudas de los años veinte. Las bogotanas, a puro pulso Duras críticas formularon Thaydeé Garavito y María Claudia Fajardo, dos de las mejores jugadoras de Bogotá en el Nacional de Voleibol, a la liga distrital y a la federación, luego de perder con Antioquia el título por 2-3.

Según ellas, una de las razones fundamentales para la caída fue la falta de preparación del conjunto, pues apenas se inició un mes y medio antes del certamen, con tres entrenamientos semanales. Es muy difícil rendir así. Lo que ocurre es que la misma gente que maneja el voleibol no le da importancia, entonces las empresas y las universidades no otorgan permisos, haciéndose casi imposible entrenar , declaró en primer término Garavito.

María Claudia Fajardo agrega que las prácticas eran con las uñas, sin balones buenos, sin uniformes, casi que sin canchas. Si ganamos es porque queremos mucho este deporte .

Garavito expresó que el nivel femenino del voleibol se ha estancado porque no existe ninguna clase de apoyo. Luego se refirió a la liga, diciendo que en Bogotá muchas niñas van a entrenar y que nadie se preocupa por observarlas para saber si son buenas o no. Entonces se van y quedamos las mismas , añadió. En los colegios, por ejemplo, hay infinidad de buenas jugadoras, pero no hay quien se preocupe por ir a mirarlas .

Al final, fueron unánimes: al voleibol de Bogotá le falta mayor calidad humana .

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