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Así se produjo el accidente que originó la condena

Así se produjo el accidente que originó la condena

El pronunciamiento del Consejo de Estado tuvo como origen un hecho ocurrido a la 1:00 de la tarde del 23 de febrero de 1992 cuando un pastor de una iglesia cristiana regresaba a Armenia (Quindío) luego de trabajar en la sede de la congregación, ubicada en Cali (Valle del Cauca).

El pastor -que conducía un vehículo azul marca Sprint, modelo 1998, perteneciente a su comunidad- viajaba en compañía de otras cuatro personas cuando se estrelló contra la baranda de un puente localizado en la quebrada Las Cañas, corregimiento de Quebradanueva, jurisdicción municipal de Zarzal, vía La Paila (Valle)-Armenia (Quindío), kilómetro 17.

Así lo recuerda uno de los ocupantes: “A la altura del accidente vimos un hueco, todos lo vimos, y dijimos: ¡Cuidado con el hueco! El conductor se fue hacia la izquierda y había varios huecos sucesivos, perdió el control y se estrelló contra la baranda izquierda del puente que se aproximaba; esos huecos estaban antes de tomar el puente”.

Y agrega en su testimonio ante los estrados: “Esos huecos tenían un diámetro entre 1 y 1.50 metros y debido a éstos el conductor tuvo que hacer mucho viraje para evitarlos y al caer en uno de ellos perdió el control”.

Al contestar la demanda, las autoridades de tránsito alegaron que no tenían ninguna responsabilidad en la tragedia porque ésta se ocasionó por culpa exclusiva de la víctima.

Su razón alegada: El conductor conducía a alta velocidad y de manera imprudente porque a pesar de existir señales de tránsito se demostró que la víctima hizo caso omiso de ellas y no tuvo el cuidado suficiente para conducir el automóvil.

Sin embargo, el Consejo de Estado no aceptó el argumento de las autoridades y concluyó que no hubo exceso de velocidad del afectado.

Los consejeros se preguntaron: “¿Fue la velocidad la causante del accidente? Las pruebas permiten negar este interrogante, pues en realidad lo que se echa de menos son las señales de peligro que advirtieran a los conductores la existencia de huecos”.

Lo que sí hubo, señala la providencia: Omisión oficial en la señalización de peligro derivado de la presencia de huecos sucesivos en la vía.

“Para la Sala, el hecho de que existieran señales de tránsito, como lo indican los documentos públicos, no desdice de la omisión en la señalización de peligro”, indicó el alto tribunal judicial.

A causa del accidente, el ISS, Seccional Valle, le colocó al conductor lesionado un collar alrededor del cuello y tórax, con el cual permanece, debido a las fracturas y al dolor de su mano izquierda.

Por este caso, el juez penal municipal de Zarzal inició una investigación y el 24 de junio de 1992 resolvió ordenar la cesación de todo procedimiento contra el pastor accidentado al constatar que el siniestro automovilístico se debió al mal estado de la vía. El hecho, concluyó el juez, ocurrió por la falta de mantenimiento y conservación de la carretera, la cual corresponde a la Nación por intermedio del Ministerio de Transporte.

Ese juez de Zarzal verificó que el conductor afectado manejaba en perfecto estado de salud, a una velocidad de 60 kilómetros por hora, sobre una vía que registraba -para la época de estos hechos- un total de 11 huecos o baches a ambos lados de la calzada.

Basado de los argumentos del juez, el ciudadano lesionado alegó en la demanda: "Es obligación de la Nación por intermedio del Ministerio del Transporte mantener en estado óptimo, libre de cualquier peligro para los usuarios, las vías nacionales de transporte por carretera; incluso el tramo del lugar del accidente donde se presentaba un total abandono por parte del Estado, que debió tenerlo en perfectas condiciones".

El Consejo de Estado tuvo en cuenta el fallo del juez penal de Zarzal y condenó al Ministerio del Transporte a indemnizar al ciudadano afectado con más de 99 millones de pesos por los perjuicios morales y materiales -incluido un monto sobre el período restante de su vida probable- derivados del accidente ocurrido por las malas condiciones de una vía pública que, en ese entonces, no registraba un hueco sino 11 huecos.

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