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Al ingeniero Daniel lo mataron cuando la vida le sonreía

Al ingeniero Daniel lo mataron cuando la vida le sonreía

Daniel González Sterling, de 41 años, no alcanzó a darse cuenta de quiénes ni por qué lo mataron.

El pasado tres de enero estaba tomando fotos con su celular en el barrio Girardot, centro oriente de la ciudad. Se encontraba allí porque una vecina había llamado al Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), en donde Daniel trabajaba como ingeniero civil, quejándose de que las aguas lluvia del parque Atanasio Girardot le estaban afectando la casa.

Mientras él tomaba las fotos, su compañera de trabajo hablaba con la dueña de la vivienda. De pronto, Daniel llegó Daniel mal herido. Estaba agonizando.

“Angelita: me mataron, me mataron, decía mientras se tocaba el pecho ensangrentado”, recuerda la arquitecta del IDRD Ángela Hernández.

“Se acostó en el piso y cerró los ojos. Yo le decía hábleme, espéreme que ya llamamos a la policía, a una ambulancia. Pero él no volvió a responder”.

Alfredo González, hermano de Daniel, no puede ser más exacto para describir el carácter absolutamente inesperado de lo ocurrido: “hasta ahora estamos aterrizando”.

Dejó dos hijos La esposa y los hijos de Daniel, de 13 y 17 años, no quieren saber quién lo mató ni por qué razón. “Con eso no lo vamos a recuperar”, dicen.

Ellos han optado por recordar a su esposo y padre como un hombre alegre que expresaba sus emociones a través de la música.

“Cada vez que mi esposo llegaba de trabajar, lo primero que hacía era poner sus canciones, especialmente ‘Mi niña bonita’, su preferida. Por eso, ahora mis hijos me dicen: mamá, tenemos un dolor terrible pero esta casa siempre ha estado llena de música y ahora no puede faltar”, dice Martha Suárez, la esposa de Daniel.

Y Alfredo agrega: “A quién le vamos a echar la culpa. No se puede. Mi hermano no tenía enemigos ni deudas. Simplemente le estaba prestando un servicio a la comunidad”.

Según la Fiscalía Seccional de Bogotá, hasta la fecha no hay ni siquiera sospechosos dentro del proceso. La Policía Metropolitana cree que podría tratarse de una banda juvenil que atraca a cuanto extraño llegue a esa zona de la ciudad.

Pero a Daniel ni siquiera le robaron el celular y, según Ángela, quien lo vio morir, no se oyeron gritos, ni hubo forcejeo. Solamente alcanzó a decir que lo habían matado, sin poder explicar nada más.

Para Ana Gallo, jefe de Daniel, se trata de una muerte absurda e inexplicable. “Estamos muy consternados porque en todos estos años de trabajo tan cercano con la comunidad, nunca nos había pasado esto”, explica.

La música apasionaba a tal punto a Daniel, que siempre llevaba su guitarra en el baúl del carro, porque además de pertenecer al grupo musical Integración Latina, con el que animaba las fiestas familiares, decía que no sabía en qué momento la podía necesitar. “Siempre superaba las dificultades cantando. Le ayudaba a liberarse y a mantener esa actitud positiva que lo caracterizaba”, recuerda Alfredo.

En eso coinciden sus compañeros de trabajo. No solo lo recuerdan como una persona trabajadora. “Siempre estaba feliz. Además tenía unos apuntes delicadísimos, de esos que no hacían sentir mal a nadie, pero que sí nos hacían reír a todos”, dice Beatriz Velásquez, una de sus compañeras de oficina.

Feliz de estar en lo suyo Daniel estuvo 13 años en la Empresa de Energía de Bogotá hasta que la privatizaron. Luego le tocó cambiar de actividad y vender seguros hasta hace ocho meses, en mayo del 2005, cuando entró al IDRD. “Estaba realizado, porque después de momentos muy difíciles estaba nuevamente trabajando en ingeniería”, cuenta su esposa.

Se le veía feliz. Tenía muchos motivos. El más reciente estaba relacionado con su trabajo. Días antes le habían dicho en el Instituto que le iban a renovar su contrato por un año para que siguiera en la Subdirección de Construcciones. “Estaba en su mejor momento” anota su esposa. Pero un tiro acabó con todo el 3 de enero.

Tal vez, la única explicación es que lo ocurrido con Daniel se está volviendo recurrente en una ciudad como Bogotá, donde la violencia se refleja en el incremento de los homicidios durante el 2005. Algo que no ocurría hace 10 años.

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