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De rey infantil a actor de cine

De rey infantil a actor de cine

(EDICIÓN BOGOTÁ) Cuando hubo luz verde para comenzar a preparar la película El ángel del acordeón, Catalina Lizarazo viajó a San Juan del Cesar y a Valledupar a buscar los niños que encarnaran a Poncho, el protagonista, y Pepe, su archirrival en el acordeón.

Después de buscar en las escuelas, esperó al Festival Vallenato, en abril pasado, donde confluyen todos los niños que crecen soñando con la corona de acordeonero.

Y es que Poncho, el protagonista de la novela escrita por Ketty Cuello de Lizarazo (San Tropel Eterno), abraza ese objetivo desde que Sara María, la niña más bonita de su colegio, le da calabazas diciéndole: “Seré novia de un acordeonero que toque vallenato como Juancho Rois o como Colacho Mendoza, que cante como Jorge Oñate y componga como Rafael Escalona, brinde hermosas serenatas bajo mi ventana (...) y con su música se haga popular y querido y lo aclamen en todo el país”.

Buscando a ‘Poncho’ le hizo casting a más de 40 niños. A todos les hacía imaginar la escena de ser rechazados en su primera petición de noviazgo.

Allí se encontró con Camilo Molina, un niño pelinegro, de 9 años, de mirada dulce, casi tímida, que la conquistó precisamente por eso.

También allí encontró la mirada traviesa y aguda de Dionel Velásquez para el papel de Pepe, el chico malo de la película, rival de Poncho.

Ambos quedaron en la preselecciónos meses. Ya en el segundo semestre del 2005, Camila llamó a las madres de los acordeoneritos para avisarles que habían sido seleccionados.

Solo ahí se enteró que su protagonista, que toca el acordeón desde que tenía 4 años (el mismo que salió en una foto de prensa regalándole un sombrero vueltiao a Bill Clinton) se había coronado rey vallenato infantil en Valledupar, poco después de hacer el casting. Todavía mejor.

Los dos niños también se conocían. Ambos han sido rivales en las competencias folclóricas en los diferentes festivales de acordeón a los que han asistido. Pero fue en Bogotá, hace semanas, que se encontraron para tomar sus primeros talleres de actuación, donde pudieron hacerse amigos.

Durante 15 días de diciembre tomaron clases de inducción al teatro con Andrea Sánchez y Carlos Ramírez. Muchos de los ejercicios incluían duelos de acordeón en los que ellos son expertos. De paso, sus madres hicieron amistad.

“¡Imagínate la emoción! -dice Alcira Castro, la mamá de Dionel–. Nosotros vivimos en Arjona (Bolívar), cuando el niño fue al Festival Vallenato pensábamos que iba a llegar a la semifinal y no pasó. Lloró tanto, porque perder es perder, pero yo le dije que detrás de eso debían venir cosas grandes. Por eso,cuando Camila llamó supe que era la buena noticia que estábamos esperando”.

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