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Javier Cercas: la novela como autobiografía

Javier Cercas: la novela como autobiografía

(EDICION BOGOTA) Hasta hace cuatro años Javier Cercas (1962) era un escritor relativamente desconocido, pero muy respetado. Sus novelas tenían buenos comentarios de crítica y ventas más bien regulares.

Luego publicó Soldados de Salamina y todos comenzaron a hablar de su obra.

Llegó el éxito, las traducciones y, cómo no, una película. Conferencias de prensa, giras promocionales, congresos, homenajes, la vorágine de la fama le llegó de repente y entonces sobrevino un periodo de cuatro años de silencio.

El año pasado Cercas reapareció con una nueva novela, La velocidad de la luz. Hasta ahí todo bien, lo extraño, lo difícil, es que, así como todo lo anterior es la historia de Javier Cercas, esa misma, o al menos muy parecida, es la del protagonista de La velocidad de la luz.

Una vida de novela o una novela de vida, o las dos cosas, o una parte sí y otra fantasía, o todo fantasía y por eso muy parecida a la realidad. Las preguntas están en el aire, pero las respuestas no son importantes, porque el relato tiene su peso específico.

La literatura se impone y este año, Cercas estará en Cartagena para participar del Hay Festival, que se realizará entre el 26 y el 29 de enero.

Desde su casa en Barcelona, habló de las dos novelas que lo han convertido en celebridad de la literatura española.

¿La gusta mantener esa ambigüedad entre sus libros y su vida personal? Toda literatura es autobiográfica. En la medida en que uno gusta de sus propias experiencias y también de sus sueños, sus deseos, sus frustraciones.

Todo lo mete ahí. En cuanto a los personajes, en Soldados de Salamina el personaje se llama como yo, pero no soy yo. Las circunstancias externas no son las mías, aunque es posible que sea más yo que yo mismo. Lo mismo en La velocidad de la luz, aunque allí el personaje no se llame como yo. Sí hay elementos autobiográficos. Pero están para significar algo que no es personal, sino que quiere ser general y universal, como lo pretende ser la literatura.

‘Soldados de Salamina’ revive un episodio de la Guerra Civil y de Rafael Sánchez Maza, uno de los ideólogos de la falange. A usted le toco vivir los últimos estertores de la dictadura de Franco, ¿Por qué hacer una novela sobre ese periodo?.

Cuando Franco murió yo tenía 13 años. O sea que mi recuerdo del franquismo no es tan vago. Tengo una noción personal. El franquismo no me es ajeno, al menos el clima moral y el político. Además, eso no fue algo que desapareció en el año 1975, hoy mismo se pueden encontrar elementos de eso en España.

Cada vez menos, pero están ahí.

¿En el libro se dice que Franco pervirtió lo que planteó Rafael Sánchez Mazas? Franco no fue un dictador fascista. Se apoyó en el fascismo en un primer momento, porque le interesaba. Así obtenía la ayuda de Hitler y Mussolini.

Pero en cuanto Hitler y Mussolini perdieron la guerra, en el año 45, se fue desmarcando para ser aceptado por los Estados Unidos y por los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial . El fascismo de falange para Franco queda tan diluido que en los años 60 España es un régimen autoritario, nacional, católico. Ya no es fascista. Eso es tan claro que algunos ideólogos de la falange se decepcionaron de Franco y pasaron a la oposición. Otros se hicieron comunistas. Eso porque la revolución fascista que pretendían no se llevó a cabo.

¿Cómo hacer para que ‘Soldados de Salamina’ no sea una novela más de la Guerra Civil Española? Lo único que he intentado es dar mi visión de los hechos, no hacer ‘otra novela sobre la Guerra Civil Española’. Pero no creo que el libro sea estrictamente sobre la Guerra Civil. Es un relato sobre cómo alguien de unos 40 años, en el siglo XXI, ve ese episodio. Aborda algo más que un tema histórico. También habla de la muerte y el heroísmo. La anécdota de la que parte el libro (cómo Sánchez Mazas se salva del pelotón de fusilamiento republicano) pudo haber ocurrido, no sé, en Colombia o en cualquier otro lugar. De hecho historias similares a la que cuenta el libro me las han relatado en otros países.

‘La velocidad de la luz’ tiene una serie de reflexiones sobre el éxito, lo cual la enlaza con ‘Soldados de Salamina’. .

Seguramente si no hubiese ocurrido el éxito de Soldados de Salamina no hubiese escrito La velocidad de la luz. La experiencia del éxito me ha servido para escribir esta novela, aunque debo decir que la idea me viene antes de Soldados… Creo que un escritor lo que hace es digerir lo mejor posible sus experiencias para convertirlas en literatura.

El escritor argentino Rodrigo Fresán habló de usted como un Paul Auster español ¿Qué opina? .

Me parece bien. Lo admiro y además lo conozco, es un gran tipo. Lo leí hace mucho tiempo, cuando no lo habían traducido en España y dije: ¡coño! este tipo hace cosas que a mí me interesan. De manera que me parece muy bien.

Como decía Picasso, ‘a cuanta más gente te parezcas mejor’.

¿Qué le dejó su paso por Estados Unidos? De momento dos novelas, porque transcurren en los lugares donde residí cuando estaba allá. Viví en el lugar donde transcurre parte de La velocidad de la luz, Urbana (Illinois). Es un sitio muy especial, una ciudad universitaria con un frío espantoso, dos metros de nieve en invierno y un calor sofocante en verano. Fue una época intensa de mucho trabajo y lectura.

Desde luego, no me dejó ganas de vivir en un lugar como ese el resto de mi vida. Estados Unidos es un país fantástico al que me gustaría volver, temporalmente, por supuesto.

‘La velocidad de la luz’ tiene como trasfondo Vietnam. Otra guerra.

¿Casualidad? Casualidad y no. La guerra siempre me ha interesado como tema y como lector.

La literatura nace cantando a la guerra, desde Homero. Los hombres aman la guerra. Parece una barbaridad, pero es así. No es que yo haya ido a buscar las guerras, es que las guerras me han buscado. Tenía un amigo en Urbana que había sido combatiente en Vietnam. No era una amistad muy estrecha, pero quería averiguar qué había detrás de ese hombre. Para hacerlo necesitaba saber de la guerra, quizás por eso me fue imposible abordar antes La velocidad de la luz, pues esa era una idea que tenía desde comienzos de los 90. Y ¡cómo no me va a interesar la guerra! Es algo que pone una lupa sobre la condición humana, sobre todo lo peor del ser humano.

¿Alguna expectativa de su visita a Cartagena? Tengo que decir que voy porque me han dicho que es una de las ciudades más bonitas del mundo. Eso, para empezar. No es que lo diga yo, lo he oído. No conozco Colombia y me agradaría conocer algo.

¿Salvando a García Márquez y Álvaro Mutis, qué sabe de la literatura colombiana? Pues, te voy a decir una cosa que me ha llamado la atención de verdad y es una novela de un escritor joven que vive en Barcelona que se titula Los informantes, de Juan Gabriel Vásquez. La leí hace muy poco y me pareció espléndida.

‘¡Cómo no me va a interesar la guerra! Es algo que pone una lupa sobre la condición humana’.

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