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A propósito de El Trompo

A propósito de El Trompo

Cada 28 de diciembre, el periódico publica la separata de EL TROMPO, que refleja la costumbre nacional de hacer bromas y burlas en el Día de los Inocentes, y en la que los periodistas de EL TIEMPO se permiten una licencia de humor, agudeza y creatividad que es acogida con agrado por la mayoría de los lectores.

Sin embargo, a juzgar por algunas cartas, no todos los lectores aceptan de buen agrado esta irreverente edición y apelan a la Defensora para que respalde su protesta. Coinciden en manifestar que un periódico serio y tradicional como EL TIEMPO no puede hacer chiste ni sátira sobre las instituciones o la realidad nacional y, lejos de ver gracia en la ironía de las notas y fotografías publicadas, las consideran un irrespeto.

Estas son algunas de las protestas de los lectores: Carlos Eduardo Camacho considera “intolerable” el fotomontaje del presidente Uribe y sus funcionarios en una imagen de la Última Cena: “La foto es una gran falta de respeto no solo a nuestra religión sino también al señor Presidente de la República y a todos los colombianos. ¿Un periódico de tanto prestigio se atreve a publicar esa foto? La libertad de prensa no se trata del derecho de ofender a todo un país. La libertad de prensa debe respetar a los ciudadanos y altos dignatarios y las creencias religiosas”. Esa misma apreciación tiene Isabel Santos Gómez, quien pregunta: “¿Cuál es la razón por la cual EL TIEMPO ataca a la religión? No pierde ocasión de hacer una broma que hiere la sensibilidad de la mayoría de los colombianos, o que por decir lo menos resulta vulgar o grotesca. ¿Para qué público escriben? Siempre he sido solidaria, pero como dice el refrán, ‘el que calla otorga’, así que quiero que se sepa que no estoy de acuerdo con estas publicaciones tan irrespetuosas, tan poco elegantes, tan inútiles que no hacen bien a nadie y sí mucho mal al periódico”. Con ella coincide Juan Manuel Díaz Azuero, quien escribe: “En un país católico como el nuestro, la Última Cena con Uribe como Cristo y sus áulicos rodeándolo y acosándolo, burla al único y verdadero Dios. Es una afrenta grotesca que le quita votos porque quien calla, otorga”. Y no es el único tema de EL TROMPO que levantó ampolla: Juan José García anota ofendido: “¡Qué falta de respeto la de este periódico al referirse a los paisas como una pesadilla. Más respeto para una región pujante como la antioqueña, que es ejemplo en muchas cosas. El artículo ‘Paisadilla sin fin’ es ridículo por demás... Exigimos una nota de rectificación para con los paisas”.

La Defensora publica sus cartas porque considera válido que los lectores que se sintieron ofendidos por el contenido de EL TROMPO manifiesten su inconformidad. Sin embargo, pone de presente que este debe leerse dentro del contexto del humor y no de la solemnidad. El humorismo en los medios escritos es uno de los géneros más difíciles y exigentes. Como dice el lexicógrafo y bibliógrafo español José Martínez de Sousa, es “un modo de enjuiciar y comentar las situaciones” y debe ir más allá del chiste que despierta la risa para conducir a la reflexión. Son el escepticismo y la transgresión los que permiten dar esa otra mirada más crítica, más aguda y menos comprometida o formal. Aunque esto no significa que en el humor todo valga: no puede ser ramplón, ni vulgar, ni ofensivo, ni gratuito, ni siquiera obvio..., pero sí irreverente.

Como señalaba el periodista Eduardo Arias en una charla sobre el humor en el lenguaje periodístico: “Es una paradoja: no existe nada más serio que ser capaz de burlarse de sí mismo. Pero serio y solemne no son sinónimos... El humor y la irreverencia son hijos de la reflexión... y coinciden en un punto capital con el periodismo bien hecho: para lograr un resultado digno y honesto es necesario alejarse del poder”. A juicio de la Defensora, estas notas desenfadadas y humorísticas sobre la realidad nacional, que ofrecen una especie de recreo en medio de las malas noticias, deben existir y no solo esporádicamente: los periódicos deben garantizar el espacio para el humor, la ironía y la crítica irreverente.

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