POR QUÉ SE HUNDE LA SABANA DE BOGOTÁ

POR QUÉ SE HUNDE LA SABANA DE BOGOTÁ

Bogotá, con sus cinco millones de habitantes y veinte localidades dentro del casco urbano, está sentada olímpicamente sobre una gran capa de plastilina, conocida técnicamente como arcillas expansivas. Fue lo que quedó de una enorme laguna que, poco a poco, se fue secando. Esta cubría la Sabana, desde el Muña hasta Chiquinquirá.

27 de agosto 1992 , 12:00 a.m.

Estas arcillas han sido especialmente vulnerables a las especies vegetales foráneas, que logran succionarle gran cantidad de agua y que hoy producen hundimiento del suelo.

La investigación de las características de esta laguna y de sus profundidades, cuyos resultados son recientes, comenzó en los años 20 y en ella trabajó principalmente el palinólogo holandés Thomas Vander Hammer, con un equipo de profesionales de la Universidad Nacional.

Para los especialistas, varios factores han hecho que la laguna se haya desecado y, sobre todo, se estén acabando los pocos cuerpos de agua que le quedan.

Uno de ellos es el fenómeno de la evaporación: llueve menos de lo que se evapora normalmente.

La caída de agua es de entre 700 y 900 mil milímetros al año y la evaporación, de entre 1.300 y 1.500 aproximadamente.

Para el ingeniero civil Lisandro Beltrán Moreno, la causa del déficit del balance hídrico en la Sabana radica principalmente en que la mayor descarga de las nubes se produce en el pie de monte llanero. Cuando logran superar la cordillera Oriental, entran a la Sabana bastante descargadas.

Además, el acelerado proceso de edificación de la ciudad ha hecho que el agua ya no pueda entrar normalmente al suelo.

Esa baja del nivel de agua dijo el ingeniero Alvaro Jaime González, presidente de la Sociedad Colombiana de Geotecnia hace que toda la Sabana se esté hundiendo un poco . Cuando el río suena...

González da un ejemplo sencillo: el río Bogotá, que para salir de la ciudad tiene que atravesar una zona rocosa del Muña, periódicamente tiene que inundar para llegar a este lugar.

No hay una medición exacta de cuánto ha bajado el suelo de la Sabana. Se estima que ha descendido en dos metros en los últimos sesenta años.

Los ingenieros hemos propuesto a las universidades y otros organismos hacer una investigación, pero nadie ha parado bolas , afirmó.

Los suelos arcillosos pueden cambiar de volumen con facilidad. Los del occidente de la Sabana tienen un gran contenido de cenizas volcánicas que los hace más susceptibles a los cambios de humedad. Es la causa de los daños en las vías de Tabio, Tenjo, la Florida, Autopista Medellín, Madrid y Funza, entre otras.

En el norte de la ciudad son más blandos que en el sur y, por lo tanto, débiles ante especies vegetales de zonas áridas, casi desérticas como son los eucaliptos (australiano), urapanes (asiáticos), acacias Melanoxylon (unas africanas y otras australianas), los pinos (canadienses, europeos, asiáticos y de zonas frías desérticas).

Estas especies tienen un gran poder de succión de agua. Son capaces de sacarle la humedad a las arcillas, lo cual no es fácil.

Trabajos de investigación hechos por la Universidad Nacional, para establecer los daños causados por los árboles en el norte de la ciudad, por ser el sector más arborizado, especialmente entre las calles 57 y la 127 y las carreras 7a. y 30, recomendaron cambiarle la arborización a la ciudad por especies nativas y tomar una serie de medidas para evitar los daños en inmuebles y pavimentos. Cauchos y otras yerbas Hay soluciones al problema de ondulación de vías cuando es causada por árboles: Tumbarlos solo en casos extremos.

Hacer una poda continuada, sobre todo si se realiza desde temprana edad. Así, se limita la extensión de las raíces.

Cortar raíces. Sobre las que se introducen en las capas estructurales del pavimento. Se excava en la zona verde adyacente y se cortan las más superficiales (hasta 1 o 1,5 metros).

Reforestar con especies autóctonas, originarias de los mismos pisos térmicos de la ciudad.

El biólogo Luis E. Mora, director del Jardín Botánico, hizo una investigación y encontró apropiadas para la ciudad, entre otras, la acacia tormentosa, el alcaparro, el amarabollo, el arboloco, el borrachero, el caucho, el cedro, el cerezo, la cheflera, el chirlobirlo, el floripondio, el manos de oso, la palma de cera, el paloblanco o palo mulato, el papayo o papayuela, el pimiento, el pino ayuelo o pino colombiano, el raque, el sangregado, el sietecueros, el té de Bogotá, el trompeto, el une y la urapa. Agua de exportación? Para Hernando Dueñas, palinólogo y doctor en ciencias geológicas de la Universidad de Amsterdam (Holanda), a la Sabana de Bogotá se le están sobre-explotando sus niveles acuíferos, es decir, se le está sacando demasiada agua. Al hacerlo, las diferentes capas del relleno de la Sabana, se reacomodan y ocasionan fallas en los suelos.

Según Dueñas, el problema básico consiste en la cantidad de cultivos de flores, que manejan en forma incontrolada e indiscriminada el riego intensivo que requieren.

Este es un problema ecológico muy grave dijo porque estamos exportando el agua de la Sabana en forma de flores .

Por su parte, la presidenta de Asocolflores, Juana María Unda, sostuvo que no existe ningún otro renglón agrícola que use de manera tan cuantificada el agua como el de las flores.

La Sabana, donde hay cerca de 300 cultivos de flores, tiene 383.000 hectáreas. Están cultivadas con flores 4.200, es decir, el 1.09 por ciento. No puede ser que una actividad que representa este porcentaje esté consumiendo el agua de Bogotá , dijo Unda.

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