FILATELIA AL DIA

FILATELIA AL DIA

1. LAS CORRIDAS DE TOROS. De dónde provienen? Es usted de los que se alegran cuando el pobre toro le da una cornada al torero, en legítima defensa? Es un gran espectáculo? Una fiesta primitiva, cruel y salvaje? Sea como fuere, en la filatelia también hay estampillas alusivas a esta tradición popular hispano-árabe. La serie más conocida es la que apareció en España, con varios ejemplares del toreo en vivos colores. En Colombia tenemos las estampillas de 1980 (la Feria de Cali) y las del año siguiente, la de la plaza de toros, con sus alegorías taurinas, en el centro del plieguito de 20 estampillas.

31 de enero 1991 , 12:00 a.m.

2. LO QUE CONTO DESPUES DE IR POR PRIMARA VEZ. Con el debido respeto para con los autorizados cronistas de tauromaquia, el director de esta columna, experto en todos los temas coleccionables, invadirá terrenos que no le corresponden como, por ejemplo, los toros. Para ellos, mil perdones.

Asistió a una de esas costosísimas corridas de toros, un nuevo rico, que jamás las había visto ni en sueños. El relato que hizo del certamen taurino a un grupo de amigos es, más o menos, así: Figurénse que uno entra y se sienta en unas escalinatas redondas. Allí está uno rodeado de gente, por cierto muy tacaña en materia de bebida. La mayoría lleva unas tripas curadas, como las que tenemos nosotros para llevar miel o guarapo. Y son tan amarretes, que en la tapa le hacen un huequito chirriquitico y por allí beben chorritos, siendo más fácil quitar el corcho y empujarse un buen trago.

Luego, un señor allá se paró y tocó una corneta. Entonces, por una puertecita angosta salió un toro corriendo y mirando para todas partes, buscando al que tocó el instrumento.

Después, un señor raro, vestido con un traje estrecho, la botamanga le llegaba a la mitad de la espinilla; el saco todo cortico le tocaba el cuadril; y lo tenía remendado con laticas que brillaban con el sol... Para colmo de males se puso unas medias rosadas y unas zapatillas de la señora comó estaría de vaciado! En seguida, este tipo le mostró una capa al toro, y cada vez que el animal se acercaba a mirarla, el hombre giraba y no se la dejaba ver. Eso fue como tres veces.

El hombre vestido en forma tan rara, se quitó el sombrero que parecía una taza de barro negro, y se la arrojó a un señor que estaba sentado en las escaleras. Este se quedó con él.

Nuevamente tocó el de la corneta y por una puerta grande salió un caballo y su jinete. Lo raro es que el pobre animal padecía de fiebres y fríos, porque estaba cubierto de cobijas muy gruesas y con un pañuelo amarrado sobre los ojos; tal vez le dolía la cabeza o sufría de mal de ojo...

Al observar el toro al pobre rocín tan enfermo, se le mandó en carrera y le restregaba la testuz en las cobijas en señal de amistad. Mientras tanto, el jinete le hacía cosquillas en el morrillo del toro, con un palo largo.

Al rato salió un hombre con unos palitos y se los colocó también en la espalda a la res. Esta, seguramente, estaba muy contenta con las cosquillas que le causaban los palitos, porque brincaba de felicidad. Entonces corrió detrás del tipo, para que le pusiera más, pero éste saltó una cerca de tablas y se escondió.

Volvió a salir el de traje raro a tomar del pelo al toro, mostrándole otro trapo rojo. EL animal se acercaba a verlo, y el hombre se lo pasaba por encima de los cachos y por los lados...

Por último, el tipo raro cogió una espada parecida a la que portó mi abuelo en la Guerra de los Mil Días, y se puso a chancearse con el animalito a que lo picaba. En esas se les fue la mano y lo atravesó, matando al torito. Fue un acto cruel y cobarde, porque el animal estaba convencido de que era por jugar.

Entonces el público, en señal de protesta por la muerte del toro, le arrojó al asesino tripas disecadas, sombreros, sacos, y las mujeres, indignadas, le lanzaron ramos de claveles, que los novios les habían regalado.

Y... el hombre, en alarde soberbio, todo lo lanzaba y lo regresaba al público... Yo salí aburrido de ver tanta bobería... !Y tan cara! .

(Muchos besos para mi mamita, quien me facilitó la nota enterior, que guardaba celosamente desde cuando la vio en el periódico capitalino años atrás.

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