EL ARTE DE EVADIR EL SERVICIO MILITAR

EL ARTE DE EVADIR EL SERVICIO MILITAR

A las 8:28 de la noche del miércoles 30 de abril de este año, José L. recibió la llamada que tanto esperaba. Todo está cuadrado dijo una mujer al otro lado de la línea. No se presente mañana en el Colegio Patria. Si lo hace, no respondo por lo que pueda pasar, porque a usted lo van a borrar del computador. La libreta se la entrego a más tardar en dos semanas . Este estudiante de 1.60 de estatura quedó satisfecho y seguro de que había logrado, después de 45 días de búsqueda, evadir la posibilidad de ser seleccionado para prestar el servicio militar. Esa noche durmió tranquilo.

10 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Desde octubre de 1990, y cuando faltaban pocos meses para graduarse en el Gimnasio Pascal, reconocido plantel educativo del norte de Bogotá, el joven de 18 años empezó a indagar en oficinas de abogados, en los distritos militares de la ciudad y con las familias de antiguos bachilleres, sobre la manera más efectiva de obtener la libreta militar.

Treinta días más tarde, y luego de que en la búsqueda de intermediarios participaran sus 35 compañeros de curso que también querían eludir esa obligación, José encontró a Omaira Ruiz, una pequeña mujer de 35 años que se presentó como tabla de salvación de los jóvenes.

En el colegio todos pensábamos dice José que prestar el servicio militar significaba irse a pelear con la guerrilla. Más del ochenta por ciento del curso tenía ese convencimiento, y por eso, desde un principio, decidimos hacer lo que fuera para defender nuestras vidas, porque teníamos pánico .

La mujer se entrevistó con Carlos y María del Carmen, padres de José, en su casa del barrio Cedritos, al norte de la capital, y sin mayores rodeos fue al grano: la expedición de la libreta militar les costaría seiscientos mil pesos, con la condición de que la suma se la cancelaran en efectivo.

El mismo proceso de negociación ocurrió con las familias de otros 23 de sus compañeros, quienes, en promedio, cancelaron entre cuatrocientos y setecientos mil pesos.

Como le indicó la intermediaria, el 31 de enero no se presentó para la selección. Esa noche, satisfecho, vio en un noticiero de televisión las imágenes del sorteo y la cara de angustia de más de mil estudiantes congregados en el Colegio en donde a él le correspondía presentarse.

La tranquilidad le duró poco, porque durante la semana siguiente Omaira dio claras muestras de que nunca cumpliría su parte. Tranquilos, es que el mayor me quedó mal , dijo en una de sus múltiples excusas. Ocho días después desapareció, y resultaron falsos los números telefónicos que suministró.

El 15 de febrero, un oficial del Ejército se presentó en la casa del bachiller y le entregó una carta: el muchacho había adquirido el carácter de remiso y debía acudir a una nueva selección en abril siguiente.

Para el Estado le dijo el emisario, a usted solo le queda una posibilidad: prestar el servicio militar .

Desesperada, la familia de José buscó otros intermediarios y localizó a a Jairo Alberto Avellaneda y Rolando Rodríguez, dos abogados que tenían su oficina en el centro de Bogotá, a quienes les pagó cuatrocientos mil pesos en efectivo. Pero estos también les fallaron con el argumento de que en la Dirección de Reclutamiento habían cambiado de lugar a sus enlaces. Nunca les devolvieron el dinero. La danza de millones...

Los estudiantes del Gimnasio Pascal fueron víctimas de una gigantesca red de intermediarios, integrada por un centenar de personas, que de manera aislada trabajan en el país y que tres veces al año en los períodos de incorporación de bachilleres obtienen ganancias que superan los cuatro mil millones de pesos.

Estimativos realizados por la Dirección de Reclutamiento del Ejército indican que los 1.200 bachilleres remisos de las selecciones de enero y abril de este año en Bogotá, le pagaron alrededor de 900 millones de pesos a esas organizaciones.

La enorme cantidad de dinero fue obtenida por los tramitadores en no menos de 14 de los mejores colegios de la capital, entre los cuales se encuentran, además del Pascal, el Refous, el Andino, el Helvetia, el San Carlos, el Anglo Americano, el Nueva Granada y el Gimnasio Moderno, entre otros.

Lo que ignoran los padres de familia es que paulatinamente esa especie de ejército clandestino va perdiendo su capacidad para penetrar al servicio de reclutamiento militar.

Anteriormente, los intermediarios actuaban tranquilamente porque contaban con la abierta complicidad de civiles y militares encargados de llevar los registros de los bachilleres.

Bastaba con que el estudiante no se presentara el día de la selección recuerda el general Rodolfo Torrado Quintero, director de Reclutamiento para que, por arte de magia, algún funcionario del Distrito Militar alterara los documentos y escribiera la abreviatura SO (sobrante) a cambio de la R (remiso).

Además, era muy fácil que los tramitadores obtuvieran certificados médicos falsos y que, en ocasiones, el estudiante acudiera con documentos ilegales suministrados por esas redes.

Lo que ocurre ahora es un claro caso de estafa. Podemos asegurar que es virtualmente imposible que esas redes tengan la capacidad de entregar libretas militares obtenidas legalmente. Y aunque van perdiendo credibilidad, es notable que los padres de familia todavía los buscan .

Según Torrado, es errónea la creencia de que los bachilleres serán llevados a zonas de orden público e informó que estos prestan su servicio militar en la rama administrativa del Ejército sin riesgos para sus vidas.

Por una razón: a las zonas de combate cada año son enviados 14 mil soldados regulares, es decir, los que voluntariamente acceden a definir su situación militar y que no tuvieron posibilidad de estudiar.

Además, durante el año, el Ejército incorpora a 15 mil bachilleres, de un potencial que supera los 112 mil estudiantes: cerca del 10 por ciento de quienes se presentan.

Ocurrió por ejemplo continúa Torrado que en la incorporación de enero muchos bachilleres sacaron la balota verde, es decir, la que los eximía del servicio militar. Fue cuestión del azar, pero nos enteramos de que los intermediarios llegaron a decirles a los padres de familia que esa buena suerte había sido acordada con sus enlaces del servicio de reclutamiento .

De acuerdo con las normas legales, los bachilleres remisos que en 1989 fueron 55 mil; en el 90, 28 mil, y en lo que va corrido del 91, 19 mil solamente podrán solucionar su situación militar si permanecen un año en las filas del Ejército.

Quienes insistan en mantener esa situación evasiva afrontarán serios problemas porque no podrán ingresar a la universidad, estarán inhabilitados para firmar documentos públicos, no serán recibidos en empresas y tampoco podrán abandonar el país.

La tabla de salvación del remiso está dada en los siguientes casos: por un error en el registro, porque después de no presentarse se casó, porque se accidentó y quedó inhábil, porque ingresó a un seminario y porque reprobó el año y no informó.

Según los balances oficiales entregados a EL TIEMPO, los niveles de corrupción al interior del servicio de reclutamiento militar llegaron a ser escandalosos. En los últimos dos años, 287 funcionarios civiles y militares fueron declarados insubsistentes, retirados del servicio activo o trasladados a otras guarniciones.

Esta campaña de moralización a nivel nacional dijo Torrado ha afectado la situación de numerosos oficiales, suboficiales y civiles internos, que se enriquecieron ilícitamente. Pero también se han tocado las redes externas por las denuncias concretas de 87 padres de familia que valerosamente han acudido a la justicia penal .

Un sofisticado computador (ver recuadro) se atravesó en el camino de los tramitadores. La vieja elaboración de los registros a mano quedó atrás, y ahora los bachilleres solo dependen de una balota.

Después de perder un millón de pesos en una operación fallida, José no tuvo más remedio que presentarse en abril. Fue incorporado a una sección del Comando del Ejército en Bogotá. Le faltan siete meses... La red electrónica Para evitar la corrupción, el Ejército adquirió en Europa un moderno computador capacitado para llevar el registro de los portadores de libreta militar en el país y la lista de más de 25 mil remisos.

Pese a la enorme seguridad que ofrece el sistema, los tramitadores lograron, con la complicidad de dos suboficiales del Ejército, obtener las claves del computador y tener acceso al módulo de los remisos.

Esto ocurrió el domingo 16 de junio pasado, pero, 24 horas más tarde, la Dirección de Reclutamiento descubrió la irregularidad: 18 bachilleres habían sido borrados de esa lista. Pagaron 11 millones de pesos.

Una rápida investigación del servicio de contrainteligencia de esa institución armada estableció que una pareja de suboficiales al parecer con la colaboración de dos de los ingenieros que instalaron el computador fueron contactados por desconocidos para que penetraran el sistema.

Los dos militares fueron destituidos y encarcelados. La justicia penal investiga a los dos ingenieros. El servicio de reclutamiento dijo que adelanta una intensa campaña que busca desestimular a los padres de familia que, de todas maneras, no quieren que sus hijos vayan al Ejército.

Aunque el computador demostró sus bondades, quedó en claro que las redes externas son capaces de cualquier cosa para ganar dinero.

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