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El año internacional

El año internacional

El 2006, en materia de líos y crisis internacionales, no será una excepción. Al igual que años anteriores y, muy seguramente, como los posteriores, el mundo –del Medio Oriente a Corea del Norte, de África a Latinoamérica– seguirá dominado por sus viejos problemas.

Lógico protagonista en esas crisis y centro de la atención mundial, por su peso y estatura internacionales, son los Estados Unidos. En noviembre tendrán lugar sus elecciones intermedias, en las que se renovarán las 435 curules de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 36 de las 50 gobernaciones. Qué tan bien le vaya al Partido Republicano o qué tanto terreno recuperen los demócratas –y qué suceda en las presidenciales del 2008–depende tanto de temas de política interna, como externa, con Irak en primera fila.

El presidente George W. Bush enfrenta las dificultades de todo segundo mandato, agudizadas por la indómita situación en Irak. Se ha erosionado el apoyo de los estadounidenses a la guerra, en la que han caído 2.200 de sus soldados (once de ellos solo el jueves, cuando murieron 140 personas en varios atentados en Ramadi), y crecen las presiones para retirar las tropas sin que haya una clara perspectiva de que los iraquíes puedan asumir por su cuenta la seguridad.

En Oriente Medio, la enfermedad del primer ministro de Israel, Ariel Sharon, siembra la incertidumbre sobre el rumbo de la política de ese país –que tendrá unas elecciones cruciales el 28 de marzo– y abre un suspenso sobre el futuro de la paz con los palestinos, cuya dirigencia se las está viendo a gatas para mantener bajo control a los grupos radicales. Para completar el cuadro, Irán se está convirtiendo en una ‘papa’ cada día más caliente para Occidente, por la insistencia de su gobierno en avanzar en el desarrollo de su capacidad nuclear (posiblemente con bomba incluida) contra la resistencia de Estados Unidos y la Unión Europea. Y cuyo presidente, Mahmud Ahmadinejad, ha dicho que Israel debe ser “borrado del mapa” o transferido a Europa.

En Asia tampoco escasean los conflictos, desde el latente de la península coreana, donde los gobernantes del Norte se ufanan de tener la bomba atómica y están siempre a la caza de oportunidades para generar una crisis con sus vecinos del Sur, hasta los que genera la presencia militar de Estados Unidos en Asia Central –una de las consecuencias del desmoronamiento del antiguo imperio soviético–, la cual ha abierto la posibilidad de fricciones con Rusia y China. El afianzamiento de un régimen autoritario en la primera y el creciente poderío económico de la segunda (China quedó como cuarta economía mundial y se espera que sobrepase a Inglaterra y Alemania en el 2006) son otros tantos desafíos.

En el mundo postsoviético no está claro el curso que seguirán las revoluciones democráticas de Ucrania, Georgia y Kirguistán. Sobre la nueva Europa de los 25 pende aún el interrogante de si el rechazo del año pasado a la Constitución regional en Holanda y Francia fue un revés momentáneo o el síntoma de un retroceso de fondo en el proceso de integración.

Las expectativas sobre la economía mundial no son brillantes. Aunque pocos predicen una crisis, se espera un crecimiento más lento. Los altos precios del petróleo, el déficit estadounidense, el fantasma de un colapso del dólar y la amenaza de la gripa aviar no añaden optimismo.

Pese al avance que representan la llegada este año del computador portátil de 100 dólares –inicialmente en Brasil, Egipto y Tailandia– y la masificación de los celulares, la pobreza sigue siendo la gran deuda. Se suponía que iba a ser atacada, en parte, en las negociaciones comerciales inauguradas en Doha (Qatar) en noviembre del 2001, pero sigue siendo objeto de grandes discursos y pocas soluciones. Incumplido el plazo del 2005 para llegar a acuerdos clave, como el agrícola (la Unión Europea seguirá dedicando casi 40 por ciento de su presupuesto a subsidios en ese campo), el 2006 es la fecha límite para concluir esas negociaciones. El sida, que cobra diariamente la vida de 6.000 personas, seguirá siendo otro de los grandes desafíos.

En medio de este panorama, América Latina no sale tan mal librada. Con elecciones en diez países, incluida Colombia, la región, que conserva el triste recuerdo de sus dictaduras, confirmará la consolidación de la democracia. Punto a favor, sin duda. Pero solo parte de los retos que enfrenta una zona del mundo que mantiene aún escandalosos niveles de pobreza e inequidad.

editorial@eltiempo.com.co

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