UN MAESTRO, QUE VIVE LA HISTORIA

UN MAESTRO, QUE VIVE LA HISTORIA

El no cuenta la historia, la revive. Parece que estuviera ese momento con Bolívar, con Santander, con Nariño o hasta con Colón. No se le escapa detalle y para explicar lo que desea se detiene en cuatro o cinco anécdotas que completan el cuadro final.

09 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Así es y así son los libros de Roberto Velandia, uno de los historiadores más conocidos, leído por lo menos por tres generaciones.

Detrás de sus treinta libros hay un humanista lleno de humor, muy joven de espíritu, aunque conserve ese aire de cachaco de los años 50. Desde 1946 no se quita el corbatín y su elegancia es muy inglesa, muy académica.

Pero su trato es informal. Es el maestro de historia que deberían tener todos a día encuentra nuevos documentos para hacer un nuevo libro o para completar uno que va en camino.

Ese es Roberto Velandia, un criollo que se vino de Pandi y en primero de bachillerato descubrió que su pasión era la historia. Desde entonces, como Colón se embarcó en ella y son muchos los descubrimientos que ha realizado a través de viajar por los libros. Son 50 años descubriendo realmente qué pasó, comprendiéndolo y transmitiéndolo.

Su último viaje fue a Honda, pero a la Villa de San Bartolomé de Honda, (así se llama su último libro que acaba de salir) por la época de la Independencia y de la Grancolombia.

Fue a mostrarles a los hondunos que ellos no conocían su historia, ya que Honda fue una de las ciudades más importantes del Nuevo Mundo. Lo hizo ahora, en estos tiempos en que la gente ha vuelto los ojos hacia los 500 años del Descubrimiento para ver si el patriotismo y la identidad regresan y crean inquietudes.

Honda fue la puerta de entrada al interior del país. Por allí llegaron en época de la Conquista los caballos, las especies, las mercancías.

Por allí salió oro, elementos indígenas y muchos otros objetos que inundaron la Europa de la época.

En la época de la Independencia esa villa fue clave para la organización de los ejércitos libertadores. Honda, geopolíticamente jugó un gran papel en el destino de la Grancolombia , dice.

Y como si fuera poco fue la ciudad clave para el desarrollo del ferrocarril. Todo llegaba o salía de ese puerto en tren. La época dorada de la navegación por el gran río de la Magdalena y del ferrocarril estuvo ligado con Honda .

Por eso es sorprendente que hoy la villa sea una ciudad que no supo mantener su sitio privilegiado. Por los año 30 se inició su decadencia y después de la Segunda Guerra Mundial, con el gran movimiento comercial, la llegada del avión y de otros medios de transporte quedó relegada.

Faltó gente que impulsara, que supiera mantener esa fuerza de desarrollo que siempre tuvo , cuenta, no sin evocar antes unas cuatro o cinco anécdotas de la Honda que conoció en su niñez y que completó con los documentos que enriquecen su libro.

Y seguirá investigando. Es que siempre está en función de ver qué le faltó, de completar su obra, de no dejar cabos sueltos, por eso su historia de Cundinamarca se llevó cinco tomos y es casi seguro que de Honda salgan tres.

Desde su puesto como tesorero de la Academia Colombiana de Historia le queda tiempo para seguir en sus pesquisas. De seguro lo hará para enriquecer a sus alumnos y por supuesto sus libros...

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