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El pase, una próspera industria

El pase, una próspera industria

Una ley del año pasado ordenó a todos los colombianos renovar el pase de conductor a fin de crear el kafkiano RUNT (Registro Único Nacional de Tránsito). Ahora, el Ministerio de Transporte, a modo de presente de Año Nuevo, estrena reglamentación para obtener la licencia. Ya no bastará con los papeles tradicionales –cédula, fotografía, certificado de escuela de choferes, factor RH, pruebas de alfabetismo, pericia y estado físico, entre otros–, sino que a ellos se suman un examen sicológico y un detenido reconocimiento médico, que incluye agudeza visual, percepción sonora y capacidad de reacción. La Resolución 1555 de julio del 2005 prácticamente equipara los requisitos exigidos en Colombia a los de los países europeos a fin de disminuir el número de accidentes de tránsito.

Perfecto. El único problema es que no estamos en Europa, sino en Colombia.

Sin necesidad de cifras (las del Fondo de Prevención Vial dejan que desear), es posible pensar que ocurren más accidentes en el país por el pobre estado de las carreteras que por la pobre percepción sonora de algunos choferes, y por la carencia de señalización que por la carencia de agudeza visual. En Colombia no faltan más leyes de tránsito ni más exámenes. Lo que se requiere es aplicar las que existen y que las autoridades colaboren con rigor y honorabilidad. Si las nuevas pruebas sicológicas son idóneas, revelarán que es preciso estar un poco loco para lanzarse a esa selva que es el tránsito nacional, donde abundan toda clase de normas, pero pocos las respetan.

¿Cuántos choferes borrachos, por ejemplo, fueron detenidos en las fiestas navideñas? El Gobierno puede idear con conmovedora ingenuidad reglamentos perfectos.

Pero a menudo el hecho de imponer más reglas solo fomenta la corrupción que, bien lo sabemos, campea en este y otros terrenos. Hace pocas semanas, la revista SoHo demostró cuán fácil resulta obtener un pase legal para un ciego: bastan un fajo de billetes y un tramitador ‘comprensivo’. No queremos pecar de derrotistas, pero la prueba sicológica y el famoso reconocimiento médico de 45 minutos que se pagarán este año arriesgan con reducirse a un trámite relámpago y la cancelación ipso facto de los honorarios profesionales.

La licencia colombiana para manejar es una pequeña industria, donde el menos favorecido resulta ser el tráfico automotor. Ojalá nos equivoquemos, pero, al menos por ahora, la educación cívica temprana y las campañas generales para crear conciencia entre los conductores son instrumentos mucho más eficaces que las alambradas de requisitos, de los que se burlan hasta los ciegos.

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