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La economía, en deuda

La economía, en deuda

Terminó el 2005, y aunque el Gobierno saca pecho a la hora de mostrar la cifra de crecimiento del último trimestre (5,75 por ciento), el año se fue en blanco en decisiones, a todas luces críticas para la estabilidad económica. ¿Fue un buen año? Sí, pero para unos pocos colombianos que se vieron beneficiados por los resultados de la gestión económica del presidente Álvaro Uribe. No son pocas las tareas pendientes, y la deuda con los más necesitados aún sigue sin pagarse. Lo que hay por hacer en el frente social es evidente. Así lo reconocieron un poderoso banquero y el Partido Conservador, socio consentido de la coalición de Gobierno durante los últimos tres años, que pidió, en plena época electoral, un acuerdo básico para luchar contra la pobreza y la desigualdad.

El comienzo de un nuevo año se presta para mirar los retos a corto y mediano plazo que conllevarán decisiones estratégicas, muchas de la cuales resultarán muy impopulares en un año marcado por el debate electoral.

Entramos al 2006 a punto de que se firme un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. A mediados de este mes se volverán a reunir las delegaciones, sin Perú, que decidió firmar antes de que terminara el año.

Sobra decir que hasta tanto no se conozcan los detalles del acuerdo, si es que se firma, no sabremos qué tan buena fue la negociación para los intereses de la economía colombiana. Resultará crítico lo que se acuerde en materia de medicamentos y en el tema agropecuario, donde Estados Unidos se ha mostrado particularmente duro por cuenta de los multimillonarios subsidios con los que protege a sus agricultores. Ojalá el país no salga perjudicado en lo que tiene que ver con propiedad intelectual y que se corra el riesgo de ver mermados valiosos activos actuales y potenciales, derivados de nuestra riquísima biodiversidad.

* * * * De firmarse el TLC, la llamada ‘Agenda Interna’ será una prioridad nacional, pues habrá que acometer las obras de infraestructura que le permitan al país ser más competitivo. Dicha agenda parece estar todavía en una etapa de conceptualización, sin que se conozcan detalles del tipo de transformaciones estructurales que tendrán que emprenderse, con unos recursos limitados y un Estado que aún no ofrece las condiciones para que la acción de la inversión privada sea lo más efectiva posible. Por ahora, estamos muy quedados, si nos comparamos con otros países de la región.

Y es que la inversión privada, además de las trabas burocráticas, ve con enorme desconfianza esa colcha de retazos que es el régimen tributario colombiano, y la ley de contratación pública (ley 80). Ningún gobierno se le ha querido medir a sacar adelante una reforma tributaria estructural, y este, que en su momento llegó a acumular un envidiable capital político para sacarla adelante en el Congreso, fue incapaz de hacerlo por entregarse a las veleidades de la reelección presidencial.

No hay que llamarse a engaños: de salir reelegido el presidente Uribe, las reformas económicas de fondo que no convierta en leyes en su primer año de gobierno se le pueden convertir en un pesado lastre para el resto del período. Lo que hay que hacer en estas materias está sobrediagnosticado (eliminar la mayor cantidad posible de exenciones y deducciones injustificadas y regresivas; rebajar el impuesto de renta; ampliar la base de cobro del IVA, combatir la evasión y la elusión, etc.).

* * * *.

Ha faltado voluntad política y seriedad de parte de quienes responden por la política económica del Gobierno, y no sería malo refrescar la cartera de Hacienda en manos de un ministro que se ha mostrado ambiguo y errático en algunas de sus salidas. Como cuando propuso introducir una minirreforma tributaria que reducía el impuesto de renta en un proyecto de ley sobre zonas francas cuya discusión estaba bastante adelantada.

Los renovados bríos políticos del nuevo gobierno, cualquiera que sea, deben servirle para proponerse desactivar la “bomba pensional” por cuenta del exorbitante pasivo que tiene el Estado en las obligaciones pendientes con los pensionados. Sería arriesgado desconocer que esta dramática situación es una de las más graves amenazas que se ciernen sobre la estabilidad macroeconómica.

Y aunque se haría interminable enumerar el sinnúmero de desafíos que tendrá este y el nuevo gobierno, sea o no reelegido Uribe, en materia económica vale la pena mencionar otras tareas pendientes. Es importante encontrar las fórmulas que le pongan fin a la revaluación, para así permitir que las empresas colombianas puedan competir en mejores condiciones en los mercados externos. También es indispensable que las tasas de interés activas, las de los préstamos, sigan bajando, pues a pesar de su descenso, los empresarios pequeños y los consumidores siguen pagando costos financieros entre cuatro y cinco veces la inflación. Por último, el Gobierno debe dar ejemplo de una sana disciplina fiscal y poner fin a la voracidad del gasto público.

* * * * Abocar con decisión una agenda económica como la arriba mencionada le permitirá a Colombia seguir creciendo por encima del cinco por ciento, continuar bajando el desempleo –aunque se hace indispensable mejorar la calidad del empleo– y sanear las finanzas públicas (lo cual haría posible la reducción del muy elevado nivel de endeudamiento público interno y externo).

Tal como lo afirmamos en reciente editorial, es indispensable mejorar la distribución del ingreso y sacar de la miseria a ocho millones de ciudadanos cuyos ingresos diarios no superan el equivalente a un dólar.

editorial@eltiempo.com.co .

No son pocas .

las tareas pendientes en materia económica, y la deuda con los más necesitados aún sigue sin pagarse

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