A. Latina se la juega en las urnas

A. Latina se la juega en las urnas

El 2006 será para América Latina un año electoral. Diez países tendrán nuevo presidente, una oportunidad para algunos de consolidar su democracia. (VER INFOGRAFÍA: PRESIDENCIALES 2006)

31 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Y, para otros, de salir de la dura crisis institucional que arrastran desde hace años.

En el primer grupo, Chile, Costa Rica, Perú, Colombia, México, Venezuela y Brasil.

En el otro, Ecuador y Nicaragua, ambos con enormes dificultades institucionales, especialmente el primero, luego de la destitución por el Congreso del presidente Lucio Gutiérrez.

Y más allá de eso, también se pondrá en juego la lucha ideológica en los últimos años se ha venido debatiendo Latinoamérica. Los sectores de izquierda aspiran a ganar más terreno del conseguido, mientras la derecha intentará recuperar lo perdido, aunque los primeros tienen ya un enorme punto a su favor con la victoria de Evo Morales en primera ronda en las recientes elecciones bolivianas.

Más al sur, con vientos mucho más tranquilos, Chile tendrá la oportunidad histórica de tener por primera vez como presidente a una mujer.

La candidata de la Concertación democrática, la socialista Michelle Bachelet, se enfrentará al aspirante de la derecha moderada, el empresario Sebastián Piñera, en una segunda vuelta que los sondeos de opinión de hace algunos meses consideraban fácil para la ex ministra de Defensa e hija de general. Pero ahora no se ven tan clara esta tendencia, no solo por el sostenido descenso de la aspirante en las últimas semanas, sino por el temor que existe en las toldas de la Concertación de que Piñera logre arrebatarle a Bachelet valiosos votos de centro.

En algunos sectores de la democracia-cristiana (que forman parte de la Concertación) se hizo evidente el malestar por el manejo –a su juicio errado– que la candidata le dio a la campaña electoral, y el despilfarro de la enorme ventaja que tenía hace algunos meses.

Para ellos, quizás era mejor postulante la ex canciller Soledad Alvear, así no fuera tan popular.

Tampoco les gusta mucho la idea de que los socialistas repitan segundo mandato consecutivo, pues hay algunos que hacen cuentas de que dentro de cuatro años –para las próximas elecciones– el aspirante de los socialistas será de nuevo el saliente presidente Ricardo Lagos, que se retira con una popularidad por encima del 70 por ciento.

Por otra parte, la campaña de Piñera parece crecer día a día por el apoyo explícito que el otro aspirante derechista, Joaquín Lavín, le otorgó, y por los coqueteos que les hace a los inconformes de la Concertación.

Caso aparte merece Ecuador, país que de tiempo atrás no permite que un presidente elegido por el pueblo termine su mandato, y ya tiene en la lista de aspirantes presidenciales hasta a un Lucio Gutiérrez encarcelado.

La crisis institucional que arrastra ese país, acentuada por los enfrentamientos Congreso-partidos políticos contra el gobierno del médico Alfredo Palacio, empecinado en una reforma Constitucional respaldada por amplios sectores populares, será tema todo el próximo año.

El caso Lula Sin duda, en la lucha ideológica en el continente, la definición de las elecciones en Brasil concentrará gran parte de la atención.

El presidente, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, en caso de que acepte pujar por la reelección, podría perder frente al alcalde de Sao Paulo, José Serra, en primera o segunda ronda, según las últimas encuestas.

Constituiría una baja muy sensible para la izquierda, que vio en Lula un referente y un líder, pero que ahora se ha visto eclipsado por los escándalos de corrupción que durante meses han envuelto a su movimiento, el Partido de los Trabajadores (PT), y que hicieron que cayera de la cresta de la ola de popularidad.

Y en la misma lucha ideológica, cada vez se ve más firme la consolidación del proyecto socialista de Hugo Chávez en Venezuela, hermanado con el cubano Fidel Castro y apoyado por la diplomacia petrolera que le consigue influencia y soporte en la región a su retórica antiimperialista, antiestadounidense, y antiglobalización.

El derrumbe de la oposición, dividida y sin un liderazgo sólido, y el apoyo de las masas, harán del 2006, muy probablemente, uno de los mejores años de Hugo Chávez

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