PRESUPUESTO Y CONGRESITO

PRESUPUESTO Y CONGRESITO

Dentro de las atribuciones legales que le fueron otorgadas al llamado Congresito, se encuentra la muy importante de aprobar o improbar el Presupuesto. Como es la costumbre, el tema lo asumió una subcomisión, en este caso presidida por los exministros Hernando Agudelo Villa y Rodrigo Llorente. Ayer la subcomisión rindió su informe con el apoyo de los demás miembros. Hay que destacar el trabajo serio y objetivo que realizaron los doctores Agudelo y Llorente, fruto no solo de su larga experiencia en la hacienda pública sino de haber escudriñado hasta la saciedad el proyecto presentado por el Gobierno. La ponencia contiene una serie de condiciones para aprobar el presupuesto y unas recomendaciones tanto de tipo fiscal como de política económica en general. Muchos de los conceptos expresados son muy atinados; otros bastante controvertibles.

09 de noviembre 1991 , 12:00 a. m.

Entre las condiciones que plantea la subcomisión está la muy razonable de exigirle al Gobierno la presentación de un plan financiero para equilibrar el Presupuesto. Es una exigencia que además contempla la nueva Constitución. El Gobierno reconoció de entrada un faltante de 400 mil millones de pesos. La subcomisión opina, aunque está por verse, que adicionalmente se pueden requerir 490 mil millones, lo que daría un déficit total de 890 mil millones.

Uno de los argumentos que aduce la comisión para prever un mayor faltante radica en el hecho de que se presenta una disminución del 6.7 por ciento en términos reales del gasto público. Señala también que en los rubros específicos de Defensa, Justicia, Educación Superior y Salud, el faltante es manifiesto. Y como partida especial, la subcomisión quiere dejar la financiación de la vía al Llano, con un costo estimado para el año entrante de 18 mil millones.

Sin duda es conveniente buscar desde ahora un equilibrio presupuestal para evitar sorpresas. Lo que no es malo per-se, como parece argumentar la comisión, es una reducción del gasto público en términos reales. Todo lo contrario. El Presupuesto tiene mucha grasa para reducir. Una pequeña dieta no le vendría mal, no solo porque obligaría al sector público a ser más eficiente, sino porque la situación coyuntural pide a gritos un mayor control fiscal. Talvez se podría reordenar algunas partidas (sin incrementar el total) para no apretar tanto ciertas áreas prioritarias.

Una recomendación que sin duda pondrá los pelos de punta al Gobierno es la referente a dar marcha atrás en materia de apertura para no perder la incidencia fiscal de los aranceles y retornar al gradualismo. Comprendemos la preocupación por la pérdida de recursos fiscales (que en parte debe compensarse con los ingresos por mayores importaciones); pero volver a elevar las barreras arancelarias para proteger la industria colombiana y utilizar esta protección como instrumento de negociación frente a otros países, para no aparecer haciendo concesiones gratuitas, sería un contrasentido a estas alturas cuando ya se ha cruzado la mitad del río. Si se habla de sobresaltos en la política económica, éste sería un salto mortal triple.

El documento contiene otras recomendaciones muy razonables. Tiene razón al señalar su preocupación con el inmenso costo para el fisco (cercano a los 420 mil millones de pesos) de las operaciones de mercado abierto, mejor conocidas como Omas. Fueron en su momento (y siguen siendo) un mecanismo necesario para recoger parte del exceso de circulante en la economía. Sin embargo, por su magnitud y los altísimos intereses que deben pagar, se han convertido en arma de doble filo. Es bien interesante la idea de restringir su volumen y remplazarlo por unos bonos que de alguna manera puedan utilizarse para pagar deuda externa. No está muy clara la metodología, pero compartimos el concepto fundamental: en una situación de bonanza de divisas es necesario aprovecharla para reducir la deuda externa.

Es muy oportuna la sugerencia de no seguir estimulando el ingreso de divisas por la vía de la amnistía tributaria y de la falta de control sobre los orígenes de las divisas. También es imperativa la aplicación de estrictos controles a la sobrefacturación de las exportaciones y la subfacturación de las importaciones. Si continúa la entrada indiscriminada de divisas, los narcotraficantes acabarán de dueños del país. Los monopolios y la necesidad de estimular la competencia son otra preocupación válida de la subcomisión.

Todas estas iniciativas (y otras que no alcanzamos a mencionar) podrán discutirse con el Gobierno en el seno de la comisión que el Congresito se propone nombrar. El documento es un buen punto de partida, aunque a veces parece tener demasiadas añoranzas del pasado y excesiva cautela con las ideas nuevas y del futuro. Cuestiones de edad, talvez...

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