¿Clubes o simples bares?

¿Clubes o simples bares?

Lo ocurrido recientemente (a las 5 a.m., a pesar de la hora ‘zanahoria’ vigente), en un supuesto ‘club social’ de la Zona Rosa, donde un embriagado cliente disparó sin control a diestra y siniestra, debe prender todas las alarmas. Allí no hubo muertos de milagro, pero si no corregimos y controlamos la vida nocturna bogotana y la forma de operar de esos ‘clubes’, corremos el riesgo de que en el futuro alguna catástrofe ocurra. Las autoridades deben contar con todas las herramientas para garantizar la seguridad en todos los sitios de diversión. No puede haber diversión sin restricción alguna.

29 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

En costumbre muy difundida entre nosotros, una vez expedida una norma, se buscan mecanismos para burlarla. La figura que algunos propietarios de establecimientos nocturnos encontraron para burlarse de la hora ‘zanahoria’ y los controles de las autoridades fue mutar sus establecimientos de simples bares o discotecas a la figura de ‘clubes’. Como consecuencia de ello, hoy tenemos en Bogotá más de 93 ‘clubes’ operando, desde simples bares hasta prostíbulos; hay alrededor de otros cuarenta que sí son verdaderos clubes sociales o de interés cultural.

Al amparo de esa figura, y dado que nuestra legislación protege la privacidad de los clubes y además establece que pueden regirse por sus propios reglamentos, dichos establecimientos funcionan sin dios ni ley; pareciera que hubieran encontrado una verdadera patente de corso inexpugnable.

En estas circunstancias, al quedar por fuera de toda vigilancia, los peligros provendrán de los excesos que allí puedan cometerse y que puedan afectar a ciudadanos del común. No es bueno que en los lugares en los que se atiende a cientos de personas ávidas de diversión, las autoridades carezcan de control sobre lo que allí ocurre, pues se debe garantizar la vida y la seguridad de todos los ciudadanos, dondequiera que estén.

Para evitar que por omisión o por falta de autoridad las cosas se salgan de madre, lo primero que deben hacer las autoridades locales es cotejar estos supuestos clubes con los verdaderos, recordando que un verdadero club social es por naturaleza una entidad sin ánimo se lucro. Cabe preguntarse: ¿lo son también estos lugares o, por el contrario, son en realidad establecimientos de comercio disfrazados, que además de eludir el control de las autoridades para efectos de su operación son también evasores fiscales, al tener un clarísimo ánimo de lucro? Esta verificación permitirá cancelar personerías jurídicas, previo procedimiento administrativo adelantado por la dependencia oficial de la Alcaldía Mayor.

Por otro lado, el artículo 116 del Código Distrital de Policía establece claramente que todos los establecimientos que se hayan registrado como clubes o centros sociales que ‘‘ofrezcan servicios de recreación, expendio de licor, baile o cualquier tipo de espectáculos que no sea dirigido exclusivamente a sus asociados, sino a toda clase de público, se considerarán establecimientos abiertos al público’’. Con esta contundente redacción, las autoridades pueden verificar si las personas que acceden a estos clubes de fachada son socios o ciudadanos comunes y corrientes que entran pagando un cover o aun sin pagarlo. Levantando un acta concreta y clara, donde se establezca la naturaleza del establecimiento, acompañada de videos y testimonio de los asistentes, para evitar denuncias posteriores, las autoridades policivas de las localidades pueden afrontar el problema apoyándose en las normas vigentes.

Invitamos al Alcalde Mayor a que, en este y en todos los casos que se le asemejen, operen como clubes o no, aplique la autoridad sin dilaciones, incluyendo las restricciones de uso del suelo, para evitar que funcionen en sectores residenciales, como hoy ocurre. No es necesario dar espera para actuar, como han expresado sus funcionarios.

Siempre será mejor prevenir que lamentar.

* Concejal de Bogotá

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