Dolor en tres hogares por las trágicas muertes de sus niños

Dolor en tres hogares por las trágicas muertes de sus niños

BALACERA ACABÓ CON LEONARDO A la medianoche del 24 de diciembre, en medio del festejo de la Navidad, un niño de 13 años corría por una calle del barrio Cedritos II, de la localidad de Ciudad Bolívar.

27 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Era Leonardo Jerez Mateus, quien iba acompañado de Jefferson Esteven Villamil, su amigo de 14 años.

Los menores, minutos antes, estaban compartiendo con sus familiares en un matrimonio, cuadras más arriba, en el barrio Tesoro.

Pero decidieron salir de la fiesta a dar una vuelta por el sector. Y de repente, ambos niños quedaron a pocos metros de una riña protagonizada por dos adultos, al parecer embriagados, sobre un andén de la carrera 18D con calle 77A sur, frente a un negocio de venta de verduras.

Uno de los hombres que discutía, identificado como Mikel Alonso Plata, de 20 años, sacó un arma de fuego y empezó a disparar indiscriminadamente, según el reporte de la Policía Metropolitana.

Varias balas alcanzaron los cuerpos de los dos niños, que fueron trasladados por los vecinos a los hospitales Vista Hermosa y El Tunal.

Y fue cuando la Navidad se convirtió en tragedia: Leonardo murió en la madrugada del 25, debido a que una de las balas impactó en su cabeza. Y Jefferson sigue hoy recluido en un centro asistencial y se recupera de heridas en la cadera.

“Uno no entiende por qué los niños llevan la peor parte en estas discusiones. Vamos a capturar al hombre que disparó”, prometió ayer el mayor Julio César Alvarado, comandante de Policía en Ciudad Bolívar.

El oficial aseguró estar “muy preocupado porque en la localidad, pese a las campañas, son muchas las personas que portan armas de fuego”.

Los padres de Leonardo, Eduardo Jerez (que se dedica a la construcción) y Nora Mateus (ama de casa), planean realizar hoy las exequias de Leonardo. En los últimos días no habían podido reclamar su cuerpo en Medicina Legal por falta de dinero para poder asumir los costos de una funeraria.

Hoy, en medio de la tragedia, la familia se aferra a sus otros dos hijos: una niña de 15 años y un bebé, que ya sufren la partida de un hermano.

- JORDAN SEBASTIÁN CAYÓ A UNA ALCANTARILLA A los 6 años se piensa en jugar y correr. Y eso era lo que el pasado 25 de diciembre estaba haciendo Jordan Sebastián Páez Rojas. Iba tras un balón.

Jugaba con sus primos y hermanos de la cuadra, en Patio Bonito.

Pero la pelota, uno de sus regalos de Navidad, se fue a un caño cercano, y por alcanzarla, el menor pisó el pasto que había ido creciendo alrededor de una alcantarilla sin tapa. Cayó unos siete metros.

De inmediato, sus dos hermanos y sus primos alertaron a la familia, que estaba en la casa del abuelito del menor. Los vecinos salieron a ayudar.

Nada se veía en medio de las aguas turbias.

Uno de los vecinos intentó por otra alcantarilla, a unos 160 metros. Por esta lograron sacar al niño, pero ya estaba sin vida. “Esa es una trampa mortal. Desde hace mucho tiempo está así”, manifestó una tía del menor.

Y agregó: “Jordan era un niño sano, no sufría de nada. Y también alegre y cariñoso. Le había pedido al Niño Dios, además, un carro como en el que corre Juan Pablo Montoya, con control remoto. Sus papás se lo iban a entregar ese día”.

Julio Enrique López, uno de los vecinos, dijo que ha mandado unas cinco peticiones al Acueducto para que le ponga tapa a esa alcantarilla, pero nadie ha respondido su requerimiento. El problema de la falta de tapas en las alcantarillas en Bogotá es delicado (ver recuadro).

- EL ROBO DE TAPAS El robo de tapas en la ciudad mostró su punto más crítico el 16 de diciembre. Según el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), Édgar Ruiz, el 14 y por la ciclovía nocturna del 15, en la carrera 7a. se pusieron 27 tapas. A las 48 horas se habían robado 19.

Ruiz dijo que la EAAB tiene pérdidas anuales de 15.000 millones de pesos por este hecho y que al año son hurtadas 5 mil tapas redondas y 3 mil rectangulares.

Para evitar robos, a partir del 2006 se instalarán unas hechas en poliuretano a las 240.000 alcantarillas. Sobre las peticiones de tapas de la zona donde murió Jordan, la EAAB dijo que estas se tramitan rápido pero el lugar es de alto número de robos.

A JONATHAN SE LE DISPARÓ UN ARMA El pasado 23 de diciembre, casi a las 8 de la noche, Jonathan Julián Díaz tomó un revólver cargado que, al parecer, encontró en la habitación de sus papás, en una vivienda del barrio La Gaitana, en la localidad de Suba.

El menor, de 12 años, estaba manipulando el arma sin que sus padres lo supieran, según las primeras informaciones de la Policía Metropolitana.

Y en medio del juego, Jonathan accionó el revólver y, accidentalmente, una bala terminó en su cabeza, lo que le produjo la muerte de forma inmediata.

El hecho fue dado a conocer ayer por las autoridades.

En la habitación, la Policía encontró el arma, calibre 32, de propiedad de la mamá de Jonathan. La familia prefirió no hablar del episodio ante los medios de comunicación.

No es el primer caso que se registra en Bogotá, en el que los menores terminan jugando con armas o artefactos explosivos.

A mediados de año, en la localidad de Ciudad Bolívar, un niño se encontró una granada de fragmentación, abandonada en una calle, y se la llevó para su casa. La puso sobre la mesa del televisor y días después, cuando estaba con su hermana, el explosivo cayó al suelo. Ambos sufrieron graves heridas.

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