ESPERANDO A ESCOBAR...

ESPERANDO A ESCOBAR...

Tal como se esperaba, el Gobierno modificó el decreto 3030 sobre rebaja de penas y no extradición. El plazo para acogerse a los beneficios del decreto fue trasladado del 5 de septiembre a la fecha misma de entrega. Según explicó el presidente Gaviria en su discurso, se espera que ampliar su vigencia redunde en una mayor efectividad de la norma y facilite la entrega de más narcotraficantes. La decisión generará controversia. Más concesiones a narco-confesos , dice El Espectador. Delinquir hasta entregarse , titula con venenosa ironía La Prensa. A la hora de escribir estas líineas, no se conocían las reacciones en Estados Unidos, pero se puede presumir que se presentará como otra indulgencia del Gobierno colombiano con los narcos.

31 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Esta es la cuarta modificación que se le hace al decreto de marras. Cada una de ellas ha interpretado de alguna manera las objeciones formuladas por los abogados de los extraditables , así como las que desde la cárcel formuló el propio Fabio Ochoa en carta abierta al presidente. Difícil evitar, pues, la impresión de que el Gobierno ha hecho sucesivas concesiones, que sus críticos se han apresurado a calificar como sometimientos de la ley a los criminales y rendiciones del Estado más que de los extraditables . Me imagino los dilemas y desgarramientos que estas decisiones no tan incidentales como se quiere dar a entender han tenido que ocasionarle a un presidente como Gaviria, que heredó las banderas de Luis Carlos Galán. Tienen su costo político. Sobre todo en el campo internacional y entre los sectores más recalcitrantes moralizantes , dirían algunos de la opinión nacional. Pero por esto mismo son determinaciones valerosas. Creo que interpretan un anhelo nacional de poner fin a la violencia generada por el narcoterrorismo, y buscan una manera pragmática y realista de poder hacerlo. Y hasta aquí puede llegar el Gobierno. No es concebible esperar más modificaciones o concesiones. El balón está claramente en el campo de los extraditables vale decir, de Pablo Escobar, que ahora deben volver realidad sus reiteradas ofertas de sometimiento a una Justicia que les ofrece garantías, trato benévolo y no extradición. Ya un vocero tan connotado de los extraditables como Guido Parra, que había criticado duramente la versión inicial de los decretos, dice que están dadas las condiciones para la entrega de todos los extraditables, incluyendo a Pablo Escobar. Falta saber qué tanto sigue Escobar las recomendaciones de sus abogados. Es de suponer que estaba pendiente de esta última modificación, que por muchas razones (garantía de no extradición, delitos cometidos después del 5 de septiembre), le resultaba esencial. Y que tiene que saber que el Gobierno no puede hacer un cambio más, so pena de confirmar la sensación de estar dictando leyes a la medida suya. Si no le sirve lo último, ya no hay que hacerse más ilusiones con la entrega del máximo jefe del Cartel de Medellín. Si acaso le sirve, el problema se vuelve entonces el de su seguridad personal en la cárcel. Asumiendo, claro, que el hombre sabe y entiende que tiene que pagar varios años de cárcel. En ese caso, las garantías para su integridad pueden convertirse en un asunto tan complejo como los escollos jurídicos que han precedido su eventual entrega. Las condiciones de reclusión; la clase de prisión; el tipo de vigilancia, son todos factores para tener en cuenta. Algunos entendidos sostienen que con Escobar se entregarían decenas de personas que confesarían delitos menores y terminarían convertidos en sus guardaespaldas en la cárcel. Otros dicen que no tiene intención de pagar condena. Y hay quienes aseguran que su entrega está condicionada a que la Constituyente garantice la no extradición. Para que esto último sea viable, Escobar tendría que ordenar la liberación de todos los secuestrados. Porque tampoco es concebible que la Constituyente pueda abordar tema alguno relacionado con extradición o narcotráfico mientras exista cualquier factor de coacción o chantaje. Tras la modificación del decreto 3030, la posible entrega de Pablo Escobar es tema en boca de todo el mundo. Y en medio de locas especulaciones y atrevidas hipótesis, se percibe un deseo colectivo de que pudiera ser cierto. Que esto suceda a los pocos días del atroz asesinato de Diana Turbay es una de esas crueles ironías tan habituales en un país donde ya ninguna aberración sorprende y toda ilusión de paz se desploma en un charco de sangre. Es así como surge nuevamente la esperanza de que las cosas puedan mejorar. Y estamos todos, como en la célebre obra de Beckett Esperando a Godot , aguardando a un personaje que a lo mejor nunca aparecerá. Un teatro del absurdo de verdad. Con la participación de un país entero.

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