Piqueria en el cielo

Piqueria en el cielo

(EDICIÓN BOGOTÁ) (EDITORIAL DIARIO) (PÁGINA 1-32)

23 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

Hace muchos años, en Villanueva (Guajira), el legendario juglar vallenato Emiliano Zuleta se enfrentó en un duelo o piqueria de acordeoneros con su propio hermano menor Antonio ‘Toño’ Salas, el extraordinario músico que acaba de morir en Barranquilla. Aunque el propio Salas reconoce que Emiliano tenía “más condiciones” que él, aquella noche la capacidad de improvisación y verseo de Toño venció a ‘Mile’. Herido, este compuso un merengue titulado El pollo y el gallo donde pretende sacarse el clavo de aquella derrota.

La pelea del gallo viejo, ésa se debe de respetar porque pelea sin afán y eso depende del buen gallero.

Díganmele a Toño, a Toño mi hermano, que él está muy pollo, ay, y yo soy muy gallo.

No hay duda de que Salas tenía menos espuelas que Emiliano, pero también un enorme talento. Era un hombre discreto, tímido, casi triste, que acompañó muchos años con su acordeón al genial Leandro Díaz y huyó de la fama y la farándula. Buen parrandero, pero callado, entró formalmente a la nómina privilegiada de los grandes acordeoneros cuando el Festival Vallenato lo declaró Rey Vitalicio en 1999. Desde mucho antes, sin embargo, llevaba la corona invisible que acompaña a los vallenatos de la escuela clásica, la que convirtió esta música regional en símbolo nacional de Colombia.

Viejo gallo Emiliano y pollo atrevido Toño Salas, su permanente desafío es parte ya de la gran leyenda del folclor vallenato. Muy pocos lograron que Zuleta saliera aporreado de un mano a mano. Salas sí, y así lo recuerda el propio ‘Mile’: Estaban Maximiliano y José Bolívar en la parranda aplaudiendo a Toño Salas y demeritando al pobre Emiliano.

A mí no me importa que nadie me quiera: de cualquiera manera se arreglan las cosas.

Emiliano Zuleta murió el 30 de octubre a los 94 años, y Toño Salas, el miércoles, víctima de un paro cardíaco. Pierde nuestra música popular a otro de los grandes, que se va tras su hermano. Seguramente ahora deben de estar afinando nota para continuar con su eterna piqueria en la gallera del cielo, donde definitivamente “se arreglan las cosas”.

editorial@eltiempo.com.co

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