Buzón

22 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

CONTAMINACIÓN No hace muchos días se empezó a razonar en los medios de comunicación sobre la asfixia que sufre Bogotá. Hay quienes afirman que con aumentar el horario del pico y placa, otros, dejarlo por un día a la semana, otros más cívicos han extendido sábanas blancas en diferentes sitios de la capital observando lo sucias que quedan por el hollín que despiden las chimeneas de los buses, busetas, motos y carros viejos. Y así, muchas otras opiniones.

El caso que particular y personalmente he estado siguiendo por más de 4 o 5 años, y que he comunicado no sólo a los medios escritos y hablados, es que tanto la Administración Distrital, lo mismo que la Secretaría de Tránsito y Transportes, al igual que el Dama, no han querido ‘pararle bolas’ como se dice coloquialmente, a este grave problema.

¡Por Dios!, ¿hasta cuándo esas entidades se unirán para terminar de una vez por todas con el problema de los buses chimeneas que transitan vacíos, menos en las horas pico que llevan el 30 por ciento de ocupación? Considero que se debe concertar de una manera certera y hábil con los gremios del transporte público y concretar sin más demoras y aplazamientos la chatarrización de más de 6 mil buses antiguos y en pésimo estado que dan pena ajena que nuestros conciudadanos se ‘obliguen’ a utilizar, amén de los graves trancones que éstos ocasionan.

La clase productora de esta ciudad no se puede dar el lujo de prescindir, ya sea de uno o dos vehículos en su familia, por múltiples razones valiosísimas, tal como ocurre en cualquier ciudad o país civilizado. El uso de la bicicleta que es bienvenido, es para otras distracciones y deporte.

Franklin M. Pérez T.

ALBUR En relación con su editorial "El gran valor de las pequeñas empresas", qué interesante fuera que la micro y pequeña empresa fuera fortalecida por Dansocial, para estructurar un bloque diversificado de economía solidaria con intensa utilización de mano de obra, con miras a fortalecer el mercado interno y la seguridad alimentaria.

El país no puede dejar al albur del mercado, empresas parroquiales que tienen gran cantidad de seres humanos ‘colocados’, y que merecen tratamiento preferencial en las tarifas de servicios públicos y de los impuestos de industria y comercio.

Rogelio Vallejo Obando

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