Innovación y tradición

Innovación y tradición

(EDICIÓN BOGOTÁ) Una investigación de grado se convirtió no solo en una propuesta de moda, sino en la diversificación de un trabajo ancestral.

21 de diciembre 2005 , 12:00 a. m.

La pastusa Adriana Santacruz quiso unir la tradición de artesanos de Nariño con una propuesta de moda para convertirse en diseñadora de modas de la universidad Autónoma de Nariño. Así nació un estilo que desde hace cinco años la caracteriza.

Santacruz comenzó su trabajo de investigación con mujeres tejedoras, famosas por las cobijas de lana pesadas que hacían. Como resultado logró abrigos con los que se dio a conocer aún antes de graduarse. Incluso, participó en una Feria de Artesanías de Tenerife (España) en 1999, donde recibió un premio por su rescate de técnicas artesanales.

Y cada año llega a Expoartesanías con nuevas propuestas. Además de sus abrigos, esta creadora llevó la técnica de telares verticales a faldas, chales, vestidos y pantalones.

“Hemos evolucionado y mejorado la técnica. Logramos obtener hilos más delgados para que las prendas no sean tan pesadas”, dice.

Se refiere a que el diseño de una prenda es solo un paso más en su cadena creativa. Con las mujeres artesanas elabora los hilos, los tiñe y así hace las telas que luego se convierten en prendas.

Además de la técnica, la propuesta de esta diseñadora se caracteriza por su colorido y la mezcla de texturas. “Encontré que la lana va bien con pana, por ejemplo, y eso también sirve para bajar costos”, explica.

Influencia del campo Antes de ser diseñadora de modas, Santacruz se dedicó a criar a sus dos hijos, a hacer trabajos de lencería y a inseminar ganado. Por eso, dice, los viajes por municipios de su departamento la llevaron a conocer el trabajo artesanal ancestral que, cree, ya está listo para exportarse. Por eso, esta mujer que revela muchos menos años de los 44 que tiene, espera en el 2006 ir a Europa, de donde ha venido la mayoría de su clientela.

Mientras tanto, seguirá vendiendo sus creaciones cada vez que viaje a Bogotá y el próximo año llegará nuevamente a Expoartesanías, porque esa es, según ella, su ‘pasarela’ anual.

- ‘Las prendas buscan su dueño’ Es tal la pasión que Adriana Santacruz le pone a cada puntada, que hasta las prendas tienen nombre. Por ejemplo, de las que llevó a Expoartesnías, Paloma era una ruana; Duendecillo, una capa, y Loco Feliz, un abrigo. “Tenía naranja, mangas verdes, apliques fucsia y cinturón negro. El combinado era loco, pero por el colorido lo hacía ver feliz” También le pone poesía a su trabajo y está segura de que cada prenda tiene dueño. “Yo no le insisto a nadie que lleve esto o aquello. Si una cliente se enamora de algo es para ella. Me quedo tranquila porque si la pieza encuentra a su dueña, ella la va a querer y a cuidar”.

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